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jueves, 6 de febrero de 2014

Crónicas Negras


I.- Metidos de pies y cabeza a indagar el comportamiento de las maras, los periodistas de El Faro nos brindan una radiografía exacta de la violencia que sacude en distintos grados la región centroamericana. En su recuento dejan fuera a Costa Rica. Sus miradas permiten ver las heridas y cicatrices generadas por una conducta delincuencial que no conoce límites. Un registro en close-up. El acercamiento deja al descubierto sus distintas maneras de operar, el terror abriéndose paso, casi perpetuándose; violaciones a niñas y mujeres, complicidades obtenidas a base de sobornos, férreo control en centros penitenciarios, la única autoridad reconocida emana de sus directrices; asesinatos de una crueldad inusitada, amplias zonas geográficas sometidas a su voluntad, ciudades sitiadas donde rigen sus leyes, la compra de voluntades, sus estructuras de poder, los orígenes de las pandillas, sus formas de reclutamiento y la amenaza real de expandir sus dominios por todos los entramados de las sociedades centroamericanas.


Crónicas Negras desde una región que no cuenta. (Editorial Santillana 2013), un texto pionero, estremecedor, cuyo contenido debemos al grupo de periodista que integra Sala Negra, uno de los mayores logros de El Faro, el diario digital salvadoreño, que apostando por hacer periodismo del bueno, en una época de desencantados, devela con singular arrojo, el desarrollo progresivo logrado por maras y narcotraficantes, en sociedades sometidas a sus asedios. Escrito con pulcritud, haciendo acopio de las técnicas del relato policial, dibuja nítidamente los contornos de cuatro países –Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua- marcados por la existencia de bandas al servicio del narcotráfico, la trata de personas y la creación de zonas de refresco que permitan asentarse a la mafia internacional sobre el corredor centroamericano, para ejercer sus actividades sin contratiempos ni tropiezos. Constituyen el eslabón imprescindible para que las drogas lleguen a su destino. México y Estados Unidos.


Las dieciocho crónicas que integran esta selección son realizadas con el ánimo de conocer a fondo los resortes políticos, jurídicos, sociales y económicos, aceitados con celo para obtener sus objetivos sin mayores bajas. Un enfoque sereno, detallado, al cual deben asomarse sin prejuicio policías y militares, políticos y religiosos, banqueros y rentistas, sociólogos y economistas, jueces y abogados, con el propósito de enterarse en versión de primera mano, la pendiente irreversible por la que se desliza Centroamérica. En un juego dialectico, en la apuesta de El Faro, pesa tanto lo contado como la forma que es narrado. Son los actores del drama los que asoman sus rostros. Sus voces nos llegan en primera persona. Los llantos lastimeros de los perseguidos, las revelaciones de las mujeres violadas, la conversión del área en centro de operaciones de los carteles, el sigilo con que operan para no ser descubiertos, las múltiples maneras de traficar sin perder el botín, forman un retrato fiel que todos están llamados a conocer.


II.- Las narrativas de los seis cronistas que integran la orquestación de esta sinfonía, vuelve a poner en perspectiva los vasos comunicantes existentes entre periodismo y literatura. Son los continuadores de esa forma de hacer periodismo nombrada en España como literaturalización del periodismo. Una conceptualización que ha hecho suya el escritor y periodista Martín Caparrós. Un año antes que el argentino expusiera su tesis, el mexicano Juan Villoro, había escrito su texto clásico La crónica, el ornitorrinco de la prosa (2006), donde insiste en demostrar que su denominación obedece a los préstamos que la crónica hace a la novela, teatro, reportaje, cuento, entrevistas, ensayo y autobiografía.  Con acierto Villoro señala que la crónica, al seguir los usos de la ficción, narra las oportunidades perdidas, los sueños, las ilusiones, conjeturiza y colma vacíos. Estos trasvases deben dar por saldada una discusión pueril. La crónica es literatura al ras del suelo, como pregona el brasileño Antonio Cándido.

El mapa de la delincuencia en Nicaragua aparece coloreado por cuatro crónicas que se han ocupado los periódicos, las radios y televisoras locales. Una tiene que ver con el caso de Walpasiksa, cuyo coletazo pringó de lleno al Consejo Supremo Electoral, generando una polémica que todavía no apaga sus luces. Sandy Bay resplandece en la crónica de Oscar Martínez. La muerte de Pen-Pen, sirve de pretexto a Roberto Valencia para contar un poco la historia de Bluefields. Pen-Pen sometido al suplicio en el tubo del martirio, estuvo amarrado a unos grilletes día y noche por seis meses, hasta el desenlace trágico de su muerte. En la costa este, Rivas, Oscar Martínez, hace un recuento del número de capos. Asegura que son cuatro y después de conversar con uno de ellos denomina su crónica Narco hecho en Centroamérica. La razón es obvia. Este empezó como tumbador, traficante que roba a otros traficantes. Un capo menor comparado con la dimensión exuberante que exhiben las redes internacionales, específicamente colombianas y mexicanas.

La cuarta crónica de Roberto Valencia, está dedicada al Jorge Dimitrov. El barrio capitalino nacido por el paso del huracán Aletta por Nicaragua (1982), aparece bajo otros reflectores, la conjunción de esfuerzos impulsados por diferentes instituciones encaminadas a terminar con este nudo de violencia. El saldo final un poco halagador. “Afortunadamente en Nicaragua las pandillas poco tienen que ver con las maras…-quizá la diferencia más importante- la pandilla se puede dejar cuando se quiere, sin represalias”. El periodismo practicado por quienes conforman Sala Negra, sin asomo moralizante, testimonia un momento de la historia de Centroamérica. Un momento crucial. Si no se tuerce el rumbo -debido a su situación geográfica privilegiada - podría extraviar su camino. Los índices de violencia colocan a Honduras como el país más violento del mundo. Un foco de irradiación permanente. El Faro cumplió su tarea. El desafío planteado no puede rehuirse ni minimizarse. ¡Actuar ahora, para no tener que llorar después!



viernes, 29 de noviembre de 2013

Por otra televisión en Nicaragua


En Nicaragua se vuelve urgente romper con la alta concentración mediática y dar paso a la creación de un sistema mixto de comunicación. Un sistema que incluya la televisión pública y comunitaria. La creación de más canales de televisión ha devenido en más de lo mismo. Las narrativas televisivas se concentran en las revistas matutinas, telenovelas, seriales de televisión, películas y deportes. Todavía queda mucho por hacer sobre una producción nacional de calidad y a la vez garantizar la existencia de las decenas de empresas televisivas existentes a lo largo y ancho del país. Las escuelas de comunicación, los expertos, académicos y el gobierno deberían comprometerse conjuntamente a mejorar la calidad de las actuales propuestas de programación. No deberían otorgarse licencias a quienes no presenten nuevas propuestas de programación o que no cumplan con las propuestas a partir de las cuales les fue concedida las licencias. Una vez obtenidas se olvidan de lo pactado.

Las debilidades en la producción nacional son visibles, solo mediante acuerdos con la academia y realizando inversiones en recursos técnicos y humanos podrá romperse el actual esquema. Pese a ser el hecho cultural urbano más importante ocurrido en los dos últimos decenios en el país, la televisión continúa atrapada entre lo estrictamente comercial y la supeditación política. La academia jamás se ha preocupado por formar técnicos de nivel medio y alto para responder a la expansión televisiva. Si se deja a que el mercado continúe arbitrando todo lo que acontece en este campo, la calidad televisiva seguirá decayendo. Muchas personas ven la televisión no por la seducción que provocan sus imágenes, ni por lo atractivo de su discurso, la miran porque rifan teléfonos, televisores, cocinas, camas, entradas al teatro. Los canales deben aprovechar la oportunidad para mostrar los distintos rostros del país y dejar de continuar amamantándose de la producción foránea.

El cable sigue expandiéndose por todo el territorio y el grueso de lo que se nutre la TV nacional mucho antes de formar parte de su programación ya ha sido transmitida a través del cable. Esta circunstancia ha generado nuevos hábitos entre las familias televidentes. Sin mostrar ningún cansancio siguen las telenovelas en el cable y a veces lo hacen de manera simultánea; cuando la misma novela es transmitida en el país optan por ver los adelantos en el cable. Son pocas las estaciones de TV que no pasan telenovelas, con raras excepciones quienes no lo hacen es porque carecen de recursos para hacerlo. El gusto por este género se debe a sus propuestas narrativas. Desde la década de los ochenta ocurrió el salto, resultaron atractivas para las clases pudientes, no como estos sectores señalaban que “las telenovelas únicamente seducían empleaditas”. El melodrama y toda la cauda de seguidores que arrastra no ha logrado contagiar inexplicablemente al mundo de filólogos y lingüistas, quien no ha mostrado interés para dar cuenta de las implicaciones de esta narrativa.

Nuestra televisión es un calco de la propuesta norteamericana. Algunos programas matutinos nos despiertan contándonos historias de acontecimientos ocurridos en diversas partes del mundo, incluso un mal que sufren también las televisoras nacionales, algunas de las cuales hasta hace poco se dieron cuenta que nada tenía que ver el estado del tiempo en Arizona, cuando lo que sus televidentes deseaban que les contaran era cómo había despertado el país y cómo transcurriría el clima durante el día. Todavía Canal 2 y Canal 10 nos levantan con Al rojo vivo y Primer impacto. Los noticieros televisivos deberían romper el cordón umbilical con los periódicos. Dejar de fastidiarnos con la lectura de sus titulares. Uno espera programación propia. Sigo esperando un programa de opinión que brinde cabida a los postergados de toda una vida, ampliando su agenda temática y olvidándose de la clase política, mientras está no se reinvente vivirá sumida en sus pleitos eternos. En Nicaragua la mayoría de los programas de opinión, con sus invitados de siempre, son afines al discurso oficial. Esta ha sido una de las tragedias de la alta concentración televisiva. En los canales oficiales y oficiosos el pluralismo ha quedado reducido casi a cero.

Necesitamos una televisión que amplíe su visión del país, que nos cuente qué piensa la ciudadanía del Caribe estigmatizada por la profusión de noticias relacionadas con el narcotráfico. ¿Los periodistas locales y los corresponsales de los medios nacionales no tienen otra cosa qué decir? El cambio ocurre durante el mes de mayo. Los caribeños celebran su fiesta grande. Como la inclusión de sus cantos, bailes y danzas forman parte del carácter cíclico de las narrativas de la TV, sus habitantes deberían rebelarse y ponerse en huelga, paralizar sus cuerpos y apagar su voz que tanto gustan, esos grandes atributos de la sensualidad caribeña. Estoy a la espera que por sanidad los dueños y directores de Crónica TN 8 y Acción 10, en un acto de misericordia pongan fin a la orgía de sangre que a diario bañan sus pantallas. En fin aspiro una televisión con olor a Nicaragua, que la disputa entre los canales 13 y 14 se acreciente y que cada día se esfuercen por mejorar la calidad de la producción nacional y pidiéndole peras al olmo, por siquiera una vez los canales de la familia presidencial transmitan algo que contradiga el discurso oficial. Con eso me bastaría. No pido más.



viernes, 4 de octubre de 2013

Medios y libertades en disputa


I. Se redefinen formas de hacer política.

La década de los setenta del siglo pasado sirvió como parte aguas para la discusión de un nuevo orden informativo internacional. El despegue y desenlace de esta controversia condujo al debate sobre la pertinencia del esquema mundial prevaleciente en el campo mediático. La UNESCO sirvió de plataforma para impulsar distintos estudios que precipitaron crisis en su seno y sirvió como detonante sobre los cambios que sobrevendrían en el campo de la comunicación. Se avizoraban mutaciones no solo en el orden tecnológico también muchas serían de carácter conceptual. Como corolario apareció Voces Múltiples, Un Solo Mundo (Unesco 1980) un informe de compromiso ante los intereses en pugna. Ninguna de los dos sectores fundamentales cedió posiciones. La comunicación se convirtió en un campo no negociable de la política exterior de Estados Unidos. Los países del tercer mundo adquirían plena conciencia de las grandes brechas informativas existentes y del carácter unidireccional de la comunicación a la vez que pedían su reversión.
                                                                                                                    
La trascendencia de esas refriegas alcanza el presente. La ligera inclinación de la balanza a favor de las tesis estadounidenses, específicamente su defensa del libre flujo informativo - parte medular de su doctrina - precipitaría la ampliación del concepto de libertad de expresión ciudadana, volviéndole extensivo a la publicidad comercial (Libertad de expresión comercial. Informe sobre la comunicación en el mundo. Unesco 1990). Una especie de castración conceptual. Unos años antes que la UNESCO restara eficacia y redefiniera la libertad de expresión ciudadana, el gobierno del presidente Ronald Reagan empezaba en Estados Unidos el desmantelamiento de la prohibición de la propiedad cruzada. Los estrategas de ese país tenían en miras fortificar y apuntalar un nuevo orden informativo comandado bajo su égida. En 1990 la Unesco daba un giro, coincidiendo con los esfuerzos que hacía Estados Unidos por afianzar su hegemonía mundial. Hoy su predominio resulta indisputable.

Los paradigmas sustentados en el mercado y la comunicación metieron la política por nuevos rumbos, creando otros espacios y formas para su realización. El acrecentamiento del poderío mediático y su concentración en pocas manos marcan la pauta y forman parte inexorable del entramado mundial, regional y nacional. Los medios audiovisuales redefinen las maneras de hacer política. El sistema de representación prevaleciente muda de sitio. Surgen los líderes electrónicos -una metáfora de Furio Colombo- cuyo prestigio muchas veces se orienta a disputar la supremacía a los liderazgos políticos tradicionales o bien tienden a sustituirlos. En ese mismo instante irrumpe pletórica la centralidad comunicacional de la política. Las agendas políticas deben ser negociadas con quienes detentan la propiedad y dirección de los medios. La intermediación ejercida por los políticos ante el Estado viene a ser contrarrestada o arrebatada por los medios.

Sin la comprensión del contexto que marca transformaciones irreversibles sería imposible entender la preeminencia que adquiere la comunicación. En esta metamorfosis políticos y académicos están conscientes que "en todo el mundo, los medios de comunicación son la forma de comunicación decisiva", lo que implica que "la política es fundamentalmente una política mediática". (Castells, 2012, 261). La función y alcance de los medios es revalorizada. Para Guillermo Orozco los medios son lenguajes, metáforas, lógicas, empresas, escenarios donde se disputa el poder. Desde esa misma perspectiva, Raúl Trejo Delarbre expone "que los medios de masas no sólo contribuyen a la conformación de gustos y estilos culturales sino que, a la vez, tienen un papel indispensable en la definición de consensos en las sociedades contemporáneas" (Trejo 2005, 171). El uso instrumental de los medios y su definición funcionalista resultan demasiada estrechas.

Al convertirse en las nuevas plazas públicas, la clase política se ve obligada a dominar sus lenguajes, atender sus lógicas y formatos. Los medios rehacen todo el cuadro actoral. La clase política sale a su encuentro con la misma fruición con que busca la adhesión de los votantes y el beneplácito ciudadano. Es la primera vez en la historia que los medios imponen las reglas del juego político. Una dictadura que están aprendiendo enfrentar. Primero a través de un aparato mediático propio y otra mediante las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y comunicación. El especialista en imagen ocupa un lugar privilegiado. Las frases cortas y brillantes son compensadas. El lenguaje elíptico sufre un duro revés. Premia el azul telegénico. Los políticos se salen del parlamento para instalarse preferentemente ante el set y cámaras televisivas. Nada atrae tanto a los políticos como las cámaras televisivas.  
        
El ascenso de la televisión ocurre de forma meteórica, nada queda fuera de sus reflectores. La religión, la guerra, los deportes, la política, la cultura, la educación, son acotados gracias a su creciente influjo. Su poder quedó definido con la cobertura que hicieron las cadenas televisivas estadounidense de la guerra en Vietnam (1973-1975). En la medida que ocurría el proceso de integración y convergencia de los satélites, la electrónica y la comunicación social, su influencia determinante se expandía. El nuevo sistema de propiedad acrecentaba el poder de sus dueños, originando conflictos de interés que no cesan todavía. El poder de los medios cada día que pasa se reafirma y acrecienta. Son los encargados de moldear nuestras mentes y surtir nuestro imaginario. Como reconoce Castells "las relaciones de poder se basan en gran medida en la capacidad para moldear las mentes construyendo significados a través de la creación de imágenes". Los políticos saben que comunicar es gobernar y especialmente frente a las cámaras.

            II. Medios a debate.

El debilitamiento de la clase política resulta directamente proporcional con el fortalecimiento de las posiciones adquiridas por dueños de medios y anunciantes. El modelo empresarial sobre el que se asienta su existencia abre el apetito de los anunciantes. Se ven tentados por incidir en sus políticas informativas y editoriales. La mercantilización de la información resulta evidente. Se habla de consumidores no de ciudadanía, el rating se convierte en alfa y omega, determina los porcentajes publicitarios, su vida misma. El mayor o menor flujo de anuncios depende del número de televidentes, radioescuchas o lectores que capten sus emisiones y favorecen su circulación. El pluralismo informativo se debilita, empresarios y gobiernos se atienen únicamente al santo y seña de los índices de audiencias y lectores. No atienden otros parámetros igualmente importantes.
Se olvida deliberadamente que el pluralismo mediático constituye una condición necesaria  para el pluralismo político. El tema de las minorías políticas, sociales, étnicas y culturales en procesos galopantes de concentración mediática debería interesar de sobremanera. Sin mayores preámbulos son invisibilizadas. Amplios sectores quedan fuera del radar por no disponer de recursos económicos suficientes. El fenómeno resulta fácilmente determinable durante los procesos electorales. El costo de las campañas se ha disparado. La falta de dinero impide recurrir a los medios, sobre todo de la televisión cuyas tarifas resultan inalcanzables para quienes carecen de plata. El análisis debe efectuarse en términos de equidad y no simplemente desde  la perspectiva económica. El despegue de los medios de comunicación en Nicaragua siguió el esquema de desarrollo socioeconómico del país. Garantizar acceso a los medios significa garantizar canales de expresión a sectores  tradicionalmente excluidos, sin necesidad de mediaciones espurias.

La centralidad comunicacional de la política desplaza el eje de gravitación a favor de medios y periodistas. El liderazgo ejercido antaño por los políticos pasa a un segundo plano. Como expone el venezolano Eduardo Fernández, no hay duda "los medios están cumpliendo una labor de intermediación e interpretación entre las instituciones y el pueblo, labor que antes, cuando los medios no estaban tan desarrollados, cumplían los partidos políticos". (Revista Contribuciones, 1996) El ascendiente adquirido ante la sociedad les convierte en interlocutores ineludibles y privilegiados. Su funcionamiento incesante y la ductilidad con que operan, su actividad en tiempo real las 24 horas del día durante los 365 días del año, les transforman en actores políticos de primer orden. El parlamento se debilita. Los procesos de discusión legislativa adquieren mayor o menor relevancia según los intereses en juego y la resonancia que adquieren en los medios.

Uno de los aspectos más visibles viene a ser la manera que se ha revertido contra la clase política la entrega de las frecuencias radioeléctricas. En la práctica las dimisiones realizadas en la esfera mediática se han traducido en tener que regatear espacios ante quienes resultaron favorecidos con el otorgamiento de las frecuencias radiales y televisivas. Pocas veces invierten en los medios del Estado. La utilización que realizan de estos canales es meramente instrumental y están bajo el mando de la cabeza de gobierno, ni siquiera funcionan como medios estatales. El crecimiento exponencial de los medios, sobre todo en el campo de las telecomunicaciones y las transmisiones satelitales consolida y expande el poder mediático.

La televisión refuerza su condición hegemónica. Se ubica en la cúspide de la pirámide mediática, capitaliza a su favor la mayor cuantía de las inversiones que hacen los políticos por situar su imagen entre la ciudadanía y el electorado. Especialmente los gobernantes que han caído seducidos a sus pies. Ante la máxima invariante "gobernar es hacer creer", la imagen se convierte en ley. "Determina los índices de popularidad, la composición de los gobiernos, las jerarquías en el Estado, el calendario y los contenidos del discurso público". (Debray Régis, 1994, 280). Resulta un total contrasentido y un boomerang que los beneficiarios de las frecuencias hayan adquirido mayor poder incluso que los gobernantes que se las otorgaron. La clase política resulta víctima de su propio desposeimiento. Un tema que debería concitar el interés de sociólogos y politólogos.

Ejemplo elocuente por su cercanía geográfica y el creciente ascendiente que tiene en la parrilla televisiva nicaragüense resulta ser Guatemala. El control que ejerce Ángel González en la televisión de ese país ha debilitado a la clase política guatemalteca. No existe candidato a la presidencia de la república que no haga romería hasta Miami para pedir su indulgencia. Este mismo fenómeno es perceptible en México. El poder de Televisa sigue siendo incontrastable. Las decisiones que imponen en sus políticas editoriales e informativas han sido cuestionadas debido a que otorgan mayor o menor visibilidad a determinadas alianzas, partidos y candidatos. El juego democrático se pervierte. Los medios eliminan o restringen sensiblemente las imágenes de las fuerzas políticas y candidatos con las que no se sienten identificados. En muchas ocasiones imponen purgas que a la postre resultan fácilmente discernibles.

El paso de la propiedad individual a la propiedad corporativa somete a los medios muchas veces a servir primordialmente a los intereses de sus dueños en detrimento de la ciudadanía. Un fenómeno un tanto parecido acontece con los medios oficiales y oficiosos. No hay acogida a la crítica ni a los cuestionamientos. La naturaleza de sus narrativas son laudatorias hacia los poderes establecidos. Esta circunstancia vuelve apremiante analizar la adquisición de El Nuevo Diario, por parte del Banco de la Producción (Banpro). Los cambios introducidos en sus políticas informativas y editoriales han sido en menoscabo de la sociedad nicaragüense. Los intereses que giran alrededor de una corporación bancaria limitan la autonomía e independencia de cualquier medio de comunicación. Las concesiones que otorgan a la clase gobernante son infinitas. Vuelve abrir a debate la propiedad de los medios. Un tema que en Nicaragua no acaba de comprenderse ni dilucidarse.

En nuestro país prevalece una confusión ¿deliberada? al equiparar la compra-venta de un periódico, una estación televisiva o una radioemisora con una simple transacción mercantil. Existen sectores interesados que se niegan aceptar que no es lo mismo vender una empresa televisiva, una radio o un periódico que vender una fábrica de caramelos o de zapatos. Confunden su lógica de funcionamiento, extrapolándola al campo mercantil. El hecho que los medios funcionen como empresas comerciales no debe hacernos olvidar que también cumplen funciones de interés público de primerísima importancia: vierten visiones de la realidad, informan sobre lo que acontece en el mundo y el entorno cotidiano, construyen el imaginario, refuerzan o debilitan identidades, la fiscalización que efectúan está dirigida a controlar los abusos cometidos por los distintos poderes.

Las limitaciones impuestas a sus periodistas y colaboradores han repercutido sensiblemente en su calidad informativa. La lista de desaguisados es impresionante. Resulta sumamente perceptible. Eliminaron el suplemento humorístico El Alacrán, las primeras censuras fueron determinantes para que el caricaturista Pedro Xavier Molina pusiese su renuncia y se incorporase al cuerpo de periodistas de Confidencial; suprimieron Don Procopio y Doña Procopia, luego vetaron la columna semanal del periodista Onofre Guevara, encargado también de redactar Don Procopio y Doña Procopia, una columna humorística que hacía sorna fundamentalmente de la clase gobernante, prohibieron la publicación de los artículos de Fernando Bárcenas, periodismo investigativo cero, críticas al gobierno cero. Estos sismos están ocasionando migraciones hacia otros medios. Ni siquiera han reparado en los efectos perniciosos de estas medidas. Están más atentos en quedar bien con el estamento gubernamental que en la calidad de las informaciones que brindan a sus lectores.


III. Sustituir modelo existente

Algunos gobiernos han decidido restar eficacia y se han empeñado en sustituir el modelo de comunicación existente por otro que responda plenamente a sus expectativas. Estamos en presencia de una disputa por conquistar, cooptar, comprar, silenciar, acaparar medios y silenciar voces discordantes. Parte sustantiva de la lucha política se libra en los medios y a través de los medios. Una de estas manifestaciones son los cambios introducidos en las legislaciones de algunos países de la región. Un intento por revertir el modelo imperante. En Nicaragua sigue vigente inexplicablemente una ley (Ley 200) del siglo pasado, al margen del desarrollo que ha experimentado el país en el campo de las telecomunicaciones. Las concesiones de Telcor han resultado onerosas para el país y los usuarios.

En algunos casos los cambios legislativos ocurren para redefinir las reglas del juego como ocurre en México actualmente. En otros para apuntalar otro modelo de medios. Se trata de evitar concentraciones lesivas para la ciudadanía y de manera especial para la clase política. ¿Se estarán propiciando medidas que conduzcan a la creación de un modelo compartido, pluralista y democrático? ¿Será posible que las transformaciones legislativas conduzcan a redefiniciones en su funcionamiento?  El poder mediático es contrario a todo tipo de control y un poder sin control se convierte en un poder descontrolado. La salud democrática lo exige. Ante la imposibilidad de lidiar con algunos medios, los gobernantes actúan para mediatizar su comportamiento. Las sanciones contempladas en sus diferentes cuerpos normativos indican claramente un posicionamiento remiso frente a las críticas y cuestionamientos.

Con su actuación buscan el debilitamiento, censura o autocensura de medios y periodistas. Las condiciones en que operan son inmejorables. Se parcializa la entrega de la publicidad estatal, cierran el acceso a información pública en oficinas y ministerios, emiten leyes y decretos para complicar la renovación de las licencias de radio y televisión, recurren a las autoridades para ejercer intimidación, propician cierres indirectos y se amenaza con iniciar juicios a medios y periodistas, se abusa de las cadenas presidenciales, se hostiga a los periodistas, tratan de amedrentarles o callarles. Presenciamos la creación de un poder mediático sin precedentes en la región. Los medios ocupan un lugar central en sus decisiones políticas. Las inversiones económicas son millonarias. Sin ningún tipo de competencia.

Los cambios provocados por el despliegue prodigioso de las nuevas tecnologías explosionan, especialmente la expansión de internet y el atractivo que ofrecen las redes sociales, la apertura de blogs, el uso sistemático de Twitter, la fascinación que provoca You Tube, la plataforma que ofrece Facebook con la apertura de fans page, son indicadores insoslayables de cambios en las formas de circulación del discurso político. Modalidades que permiten formas de comunicación directa. Estamos frente a un punto de inflexión, sin que este se traduzca en eclipsar el antiguo modelo sustentado en la radio y la televisión. Ambos medios siguen siendo las principales agencias informativas y de entretenimiento. La televisión prolongará por algún tiempo su atractivo indiscutible y continuará siendo el sector más sujeto a control y acechanzas. Contrario a lo que piensan algunos "la televisión está viva y coleando y sigue siendo el principal medio de comunicación de masas del siglo XXI", como advierte Manuel Castells. (2012, 94). Estamos frente a otras formas de comunicación política en pleno despliegue.

Las nuevas tecnologías con las formas de comunicación política directa Se han convertido en otro sector en disputa por parte de la clase política. La seducción que producen ayuda a su desarrollo y crecimiento. Su utilización sistemática ha sido incrementada con el ánimo de evitar los filtros que imponen medios y periodistas. Esta situación está siendo objeto de análisis. Las comprobaciones indican que gobiernos de diferente signo político-ideológico las usan de forma sistemática. No todos guiados por el mismo ánimo.  Las posibilidades que abren las nuevas tecnologías son múltiples. El uso de Twitter de parte del presidente Barack Obama tiene la intención de evitar filtros y buscar como circular su discurso sin mediación alguna. Por ahora "Internet sigue siendo el lugar elegido para los mensajes no supervisados que amplían el alcance de las fuentes de información y desinformación, cambiando menor credibilidad por mayor diversidad". (Castells 2012, 312).

Las redes sociales al facilitar el encuentro con diferentes estamentos sociales, políticos, económicos y culturales, sin pasar por la criba que ejercen los medios, cumplen con el sueño dorado de los políticos de no tener que transar sus agendas. Aunque en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua este objetivo ha sido conseguido por los gobernantes mediante una política de comunicación renuente a la interpelación mediática. Las ventajas que ofrece este modelo son múltiples: evitan preguntas incómodas, canalizan la información oficial en su propio beneficio, obligan a los demás medios a estar atentos a las informaciones emanadas a través de sus canales informativos. Desatienden las disposiciones legales contenidas en distintos cuerpos jurídicos, obvian la obligación gubernamental de informar sobre la conducción de la cosa pública. Un poder paralelo que debilita, deslegitima, desacredita y pretende restar eficacia al sistema de medios existentes.

La diferencia sustancial entre los gobernantes que tratan de establecer comunicación directa con la ciudadanía viene a ser la forma que se comportan ante el sistema de medios de sus respectivos países. Este indicador  permite realizar una lectura acerca de su poca disposición de someterse al escrutinio, sobre todo de aquellos medios que no responden a sus intereses políticos inmediatos. En América Latina, en pleno auge de las comunicaciones audiovisuales, resulta evidente la alergia que sienten muchos gobernantes por someterse al ejercicio de contraloría social, política y cultural que ejercen los medios. Se han vuelto totalmente impermeables a todo tipo de interpelación mediática. El caso nicaragüense resulta paradigmático, aunque resulta idéntico en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Sus gobernantes prefieren el monólogo al diálogo. Son refractarios a las entrevistas de prensa. Dividen el campo mediático entre amigos y enemigos. Son abanderados de la polarización. Los medios son un campo no negociable en sus respectivas agendas. Un coto cerrado.

           
            IV. Con dispositivo mediático propio

Los gobiernos de Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia, están convencidos que entre mayor sea el número de medios disponibles con que cuenten más alta será la prima política disponible. Las sociedades actuales son sociedades altamente mass-mediatizadas. El entrelazamiento de las telecomunicaciones, la electrónica y los medios tradicionales torna imperiosa su presencia. Un fenómeno de alcance mundial. Nadie escapa al influjo de los medios. Su despliegue planetario los convierte en omnipresentes y omniabarcantes. Los políticos saben que a través de la comunicación tienden un lazo afectivo permanente con la ciudadanía, especialmente con sus bases políticas. La atracción que ejercen los medios en muchos gobiernos es más intensa que una aguja imantada. Son una prodigiosa máquina para la conducción política de la sociedad.

Los gobernantes de Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Ecuador han terminado por jinetear dos caballos. El ejercicio del poder político ha sido utilizado principalmente a su favor. La distribución de frecuencias radiales y televisivas continúan realizándolas en su propio beneficio. Siguen favoreciendo a sus aliados incondicionales. En algunos momentos se han decidido por la intervención de los medios, su cooptación e incluso compra. En Nicaragua asistimos a un proceso galopante de concentración. Un espacio celosamente custodiado. La entrega de frecuencias se ha convertido en una determinación estratégica. El poder gubernamental no tiene contrapesos en el campo mediático. Con el añadido que el disentimiento resulta inaceptable. En los medios bajo su influencia solo brindan espacio a las fuerzas gremiales y políticas afines. El ejercicio del pluralismo es impensable.  

Durante los últimos siete años el creciente proceso de concentración mediática en Nicaragua ha sido en una sola dirección. Ningún empresario ni miembro de la cúpula empresarial dispone de la cantidad de medios con que cuenta el gobierno a su favor. El control sobre la parrilla de la televisión en VHF y la posposición indefinida de la promulgación de una nueva Ley de Telecomunicaciones forman parte de un mismo fenómeno. Las prerrogativas concedidas a Ángel González en el campo radial y televisivo hasta el momento han resultado beneficiosas para los intereses del partido gobernante. ¿Ocurrirá mañana un fenómeno parecido al que ocurre actualmente en Guatemala? En este país González navega ahora con bandera propia. La inexistencia de programas de opinión en las estaciones televisivas de González en Nicaragua  (Canales 7, 9, 10 y 11) forma parte de un acuerdo tácito o explícito de no criticar la gestión gubernamental del presidente Daniel Ortega. Acción 10 el noticiero de mayor audiencia nacional mantiene impertérrita la nota roja.

La compra progresiva de radioemisoras se mantiene como parte de una estrategia encaminada a obtener mayor presencia en el dial. En las redes sociales nadie disputa terreno al sector gubernamental. Desde su regreso al gobierno dejó claro -a través de la definición de su política de comunicación- que pretendía eludir las críticas y cuestionamientos provenientes de medios y periodistas. En 2007 el primer sector en disputa fue el sector mediático. Esta circunstancia le permite operar con ventaja frente a los demás medios existentes. Sin dilaciones entró a copar este espacio. Las contradicciones surgidas durante los años 2007 y 2008 las resolvió a su favor. Optó por cooptar a las organizaciones gremiales. Desnaturalizó su perfil encuadrándolas bajo su hegemonía. El Colegio de Periodistas de Nicaragua (CPN) y la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN), quedaron sujetas a sus directrices.

No contentos con alinear a su favor al ente regulador, ante las limitaciones que impone la Ley de Telecomunicaciones han decidido recurrir a las vías de hecho. La disponibilidad de su propio dispositivo ha resultado efectivo para contrarrestar el discurso emanado desde otros medios. La mayoría de las veces tratan de fijar su propia agenda y eludir cualquier mención a las afirmaciones y planteamientos realizados desde la otra orilla, creando una situación peculiar. Ante las diferentes crisis que ha vivido el gobierno, especialmente  los reclamos de pensión reducida por parte de los adultos mayores (Junio-2013), lo más visible fueron las omisiones informativas de los medios oficiales y oficiosos ante a lo que estaba ocurriendo frente a las instalaciones del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). Daba la sensación de que vivíamos en un país distinto o que estábamos ante realidades diferentes. Nunca se han referido a la golpiza propinada a los jóvenes la madrugada del 22 de junio, ni al despojo de vehículos, computadoras y celulares que fueron víctimas.

La disposición de un aparato mediático propio nada tendría de excepcional si no fuese porque fue construido con la intención de anular, desconocer, descalificar y escapar a las interpelaciones y a la función fiscalizadora que ejercen los medios. Un sistema paralelo de medios con mayores disponibilidades de recursos financieros y políticos. Con el añadido, como apunta Rubén Aguilar Valenzuela, refiriéndose a este fenómeno, por la manera en que operan: "En esta acción sistemática de descalificación, que pretende minar la confianza y credibilidad de los medios y periodistas críticos e independientes, se utilizan acusaciones y un lenguaje propio de sectores de la izquierda de los 60 que ya había desaparecido, pero con cierto nivel de eficacia para comunicarse y ganar a los simpatizantes. No resulta para convencer a otros sectores, pero no es eso lo que se busca". El objetivo fundamental ha estado encaminado a fortalecer sus bases. Aunque están intentando superar esta limitación al final el discurso sigue siendo el mismo. No pueden desprenderse del sesgo elogioso. Tampoco pueden criticar la gestión de gobierno.


V. Control versus libertad de expresión.

En América Latina nadie discute la prevalencia de dos modelos de comunicación. La diferencia en el caso mexicano, salvadoreño, chileno y costarricense, para ejemplificar, consiste en que no hay amagos por frenar la crítica ni torpedear la libertad de expresión. Mal que bien el sistema de medios en esos países tiene la posibilidad de una apertura pluralista. La alianza que mantenía el Partido Revolucionario Institucional (PRI), con Televisa parece que está llegando a su final. La clase política mexicana tomó conciencia que parte de su debilidad radicaba en los poderes concedidos a Televisa y TV Azteca. Su tardanza en mediar en un campo sensible se había revertido en su contra. Las visiones y versiones a través de las que los pueblos construyen su imaginario, su conocimiento de la realidad, la manera que moldean sus afectos y desafectos, sus predilecciones políticas, educativas, económicas y culturales, no pueden ser acaparadas por empresas comerciales guiadas únicamente por el afán de lucro, ni quedar en manos de partidos políticos de naturaleza autoritaria.  

En países como Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Ecuador, cierta izquierda todavía no se libra de su lastre autoritario. La disensión es percibida como un desafío inamistoso con sus gobiernos. No hay manera de que entiendan que medios y periodistas, ejercen una función que hasta ellos mismos resulta beneficiosa. La diseminación de información contribuye a la bienandanza del país. Se necesita para tomar decisiones y emprender proyectos. La crítica sigue siendo mal vista y peor evaluada. Cargan con la rémora de ciertos partidos políticos de antaño. No pueden superar el síndrome de la conspiración. (Enzensberger, 1972). Los cuestionamientos se entienden como campañas enfiladas a desalojarlos del poder. El disentimiento no forma parte de su cuerpo doctrinario. En los medios bajo su mando no se admiten voces críticas, mucho menos que abran espacio, micrófonos y pantallas, para que se expresen los sectores opositores, ni las organizaciones de la sociedad civil. Persisten en actuar con afán proselitista. Están teñidos de propaganda. Resulta fácilmente detectable que sus discursos y narrativas son absolutamente elogiosas del poder gubernamental.

Mientras en la mayoría de países centroamericanos, para no ir más lejos, están permitidas las ruedas de prensa, las entrevistas, el diálogo y la crítica a los gobernantes, en el caso de los países que conforman el Alba se ha instalado el monólogo, la centralización de la información, la desconfianza, la imposibilidad de la rendición de cuentas y la función contralora que ejercen los medios para atemperar los abusos de poder es pasada por alto. No existe manera de aceptar la disidencia como forma genuina del juego democrático. Su relación con los medios resulta radicalmente diferente. Meramente instrumental. No son percibidos como dispositivos para el desarrollo del país. Si así fuese se hubieran interesado en promulgar la ley que manda el constituyente en relación al artículo 68 constitucional. En América Latina los políticos, cualquiera sea su signo ideológico, casi siempre se acercan a los medios con la intención de alinearlos a su favor. No perciben que el periodismo por su propia naturaleza siempre les resultará incómodo y no cejará en su empeño por cuestionar sus desafueros y abusos.

En esta encrucijada no se trata de escoger el mal menor. Sería dimitir y olvidar que las trabas para el ejercicio de la libertad de expresión forman parte sustantiva de las luchas emprendidas por quienes comulgan con el credo democrático. Lástima que en Nicaragua los empresarios no hayan comprendido esta verdad. Las batallas teóricas y prácticas para obtener y garantizar la democratización de la comunicación, deberían formar parte de estrategias encaminadas a revertir toda situación de inequidad e injusticia en el campo mediático. Los medios, en sus diferentes variantes, se han convertido en el escenario fundamental, en la prueba de las pruebas, para medir los niveles de tolerancia y pluralismo existentes en la sociedad contemporánea. Transigir equivaldría aceptar que ya nada puede hacerse por reconquistar una libertad cada vez más acotada, sujeta a caprichos políticos, a las veleidades de los anunciantes y a la maledicencia de los gobernantes. Al acecho y control de los empresarios.

Se vuelve imperiosa la formulación de nuevas propuestas que restituyan su carácter cívico y político a la de libertad de expresión. La mejor manera de ventilar las diferencias políticas, económicas y religiosas, sigue siendo a través de la discusión abierta. El debate y la controversia son las mejores armas para dirimir las diferencias. Los medios para ganar autoridad son los primeros llamados a crear espacios que permitan a la ciudadanía presentar sus demandas, cuestionar los distintos poderes, elevar sus peticiones ante diferentes instancias públicas y privadas, mostrar su desacuerdo acerca de la manera como se conduce la gestión pública, rechazar los abusos cometidos por empresarios y gobernantes, solicitar el relevo de sus autoridades, pedir cuentas a las autoridades estatales, exigir transparencia en el manejo de las finanzas públicas, disentir de las políticas económicas en marcha, reclamar mayor participación en temas de interés económico, político y social, admitir los cuestionamientos que les formula la ciudadanía, mostrarse contrarios a hipotecas onerosas de la soberanía nacional.

Discutir el tema de la libertad de expresión a la luz del presente siglo significa liberar este concepto de trabas políticas y comerciales. Los debates surgidos en los setenta y noventa del siglo pasado no han hecho más que poner en evidencia la urgencia de restituir la dimensión política a la libertad de expresión. Las grandes promesas que encierran las nuevas tecnologías en el campo de las libertades ciudadanas ya están siendo sometidas al acecho y control gubernamental y empresarial. En el siglo XXI la conquista de una auténtica libertad de expresión continúa siendo una de las exigencias más apremiantes. La desaparición de la privacidad, la intervención de nuestras comunicaciones a través de sistemas de espionaje cada día más sofisticados, las nuevas formas de censura, los linchamientos auspiciados por los medios, su acaparamiento, el acoso y asesinato de periodistas (Reporteros sin Fronteras, apuntó 15 periodistas muertos en América Latina), tornan imperiosa la lucha por conseguir que el ser humano pueda expresarse sin temor al silenciamiento y al golpe del hacha que amenaza cortarle la cabeza.

** Trabajo presentado en VII Congreso Centroamericano de Ciencia Política en Agosto 2013. 


Referencias Bibliográficas                      

Aguilar Valenzuela, Rubén. Autoritarismo y comunicación. Revista Etcétera, México. 23 de julio 2009.

Castells, Manuel. Comunicación y Poder. Siglo XXI Editores. México, 2012.

Debray, Regis. Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada en occidente. Paidós Comunicación. Barcelona, 1994.

Enzensberger, Hans Magnus. Para una teoría de los medios de comunicación. Anagrama. Barcelona, 1972.

Fernández, Eduardo. Medios de comunicación: ¿Sustitutos de la actividad política?. Revista Contribuciones 2/1996, CEIDLA Konrad Adenauer Stiftung. Buenos Aires, 1996

Trejo Delarbre Raúl. Poderes salvajes, mediocracia sin contrapesos. Ediciones Cal y Arena. México, 2004.

UNESCO. Voces Múltiples, Un solo mundo. Fondo de Cultura Económica. México, 1980


UNESCO. Informe sobre la comunicación en el mundo. Francia, 1990.

lunes, 8 de abril de 2013

Cronistas centroamericanos



I. Una observación imprescindible. ¿Qué tipo de reacciones provocará entre los lectores del área centroamericana la Antología de la Crónica latinoamericana actual (2012), del colombiano Darío Jaramillo Agudelo? Incluyó únicamente a tres periodistas salvadoreños. Desconozco qué dirán guatemaltecos, hondureños, costarricenses y panameños, pero estoy enterado del juicio de los nicaragüenses Octavio Enríquez del semanario Confidencial e Ismael López Campos de la revista televisiva Esta Semana. Consideran absolutamente injusta la exclusión de la saga del nicaragüense José Adán Silva, quien puso sal a los estragos ocasionados por el nemagón, trabajos publicados por La prensa entre el 10 y el 13 de noviembre de 2003. Aún cuando toda antología es el resultado de una serie de discrecionalidades, una omisión como esta genera suspicacias y provoca animosidades.

Los trabajos de Silva son un dechado de escritura, prosa fluida construida con soltura de ballestita, cuenta una desventura inconsolable con agudo ejercicio reporteril y sirve de espejo para apreciar el desarrollo de la crónica en Nicaragua. Un mojón imposible de divisar en el horizonte de la crónica centroamericana, más allá que los tres autores salvadoreños antologizados por Jaramillo Agudelo, ratifican que en la cintura de América la crónica cuenta con prestidigitadores curtidos. La inconformidad de Enríquez y López Campos, constituye un llamado urgente para que no sigan ocurriendo estas omisiones, sobre todo que el antologista colombiano pretendía ofrecernos una muestra representativa del subcontinente americano. Ni antillanos ni brasileños figuran, no porque no lo merezcan, quedaban fuera de su mirada.

II. Una visión aterradora. El hecho que los tres periodistas antologizados estén vinculados con El Faro de El Salvador, no se debe al azar. Cuando Carlos Martínez D´Abuisson pidió al juez Atilio Ramírez Amaya le contara su desdicha, concedió la entrevista "porque yo no representaba a ninguno de los medios tradicionales del país, a los que mira con una mezcla de resentimiento y desconfianza". El asesinato del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, un cura que apostó por los pobres y murió acribillado a balazos el lunes 24 de marzo de 1980, jodió la vida del juez Atilio y precipitó la violencia impune en el pulgarcito de Centro América. Era tiempo de ver, oír y callar, pero como rememora Carlos, en medio de todo aquel silencio había una sola voz, su voz, que incendiaba el país cada domingo. Sobrecogen los padecimientos de Atilio y su tormentosa fuga para burlar la muerte.

Las fiebres que le provocan miedo solo concluirán cuando comparezca como testigo y cierre el caso más importante de su vida. En el inicio de la guerra caliente que vivió ese país, los jueces servían por turnos y en la rifa de la lotería, el día que entró a la posteridad el Arzobispo Romero, Atilio estaba de turno. ¡Ni que lo hubiese pedido! Lo que vendría a partir del peritaje realizado junto con los forenses, sería una interminable agonía no solo para los salvadoreños, Atilio sufrió en carne viva los asedios del poder militar. Enterados que él sería quien enjuiciaría a los culpables, el primer mensaje recibido en casa -esperaba a su asistente- fue la llegada de dos hombres con el objetivo expreso de asesinarle, los sicarios no contaban que Atilio tenía los güevos bien puestos.  Los recibió a punta de plomo. Como ocurrió durante esos años, el infortunado vivió parte de su calvario en Nicaragua.  

III. La otra cara de la violencia. La crónica de Roberto Valencia, español-salvadoreño, resulta la contracara de la violencia que asola El Salvador. Vivir en La Campanera, una especie de gueto, estigmatizado por los medios, víctima de la exclusión, espacio habitado por seres singulares, asesinos y criminales, según registran en sus páginas, micrófonos y pantallas. En términos comparativos, sus hermanos siameses en Nicaragua serían el Jorge Dimitrov, pared de por medio con las instalaciones de la Jefatura Nacional de Policía o tal vez el Reparto Schick, que pese a todo no se libera de esta acusación. Valencia presenta la bitácora que levantó sobre los peligros que acechan a quienes viven en La Campanera, sometidos a vigilancia implacable por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional Civil. El poder y sus satrapías, ¡primero matan después investigan!

El calvario cotidiano son los vejámenes y mal trato recibidos, golpizas, pequeñas extorsiones, manoseo de jovencitas, un mundo donde siempre se presume la culpabilidad. ¡A la mierda con el principio de inocencia! Un conjunto de relatos donde la voz de los pastores, escuchadas a coro, clama por sus rebaños. Las rivalidades de las pandillas convierten cada pulgada de la capital salvadoreña en territorio de la Mara Salvatrucha o la Mara 18. El estigma permanece, "una mancha de óxido en una camisa blanca", obligándoles a mentir en sus hojas de vida, registrando su dirección en cualquier lugar menos que son los hijos malnacidos en La Campanera. Mienten o jamás consiguen trabajo. Crónica con enorme capacidad narrativa, nos lleva al convencimiento de la necesidad de conceder otro trato a sus pobladores. Ninguno de sus gobernantes lo ha querido entender.

IV. La diáspora. La guerra de los ochenta, produjo una hemorragia de migrantes, escalada que todavía no concluye en Centro América. Con la mirada atenta, Oscar Martínez D´Abuisson salió a su encuentro. Un pueblo camino a la frontera, cierra el abanico esplendoroso con que abre sus páginas la antología de Jaramillo Agudelo. Su desplazamiento hasta Altar, ubicado en el desierto de Sonora, le sirve de pretexto para contarnos las vicisitudes que sufren los migrantes del istmo centroamericano. Desde la óptica de la violencia, los trabajos antologizados son un formidable registro de los días que ha vivido y continúa viviendo Centro América. Con prosa punzante, estilo depurado y conjugación de tiempos en espacios habitados por el terror: en El Salvador, Honduras y Guatemala, las drogas estremecen sus sociedades, en Nicaragua pretenden levantar casa.  

Cuando la dicha los embarga, pensando que cruzaran la frontera estadounidense, sus sueños se pasman, víctimas de los burreros, narcos, polleros y autoridades policiales mexicanas, sobrellevan un drama al que de alguna manera saben que se precipitan, pero son incapaces de renunciar, buscando mejor vida. Oscar muestra el otro miedo, abusadas, robados y asesinados, sometidos al escarnio pagan cara su osadía. Nos devela el muro que se levanta en la frontera México-estadounidense, impedimento, trabas que no existen para las mercancías, libertad comercial y financiera, nunca de movilización y desplazamiento de las personas. El mismo sistema que los expulsa de sus territorios de origen, cierra las fronteras y niega el acceso, condenándoles a padecer otro miedo, tan aterrador como el que dejaron atrás. Tres testimonios difíciles de olvidar.

*Fotografías obtenidas de Internet

domingo, 10 de febrero de 2013

Crónica versus prensa telegráfica


 "El que no encuentra tiempo para leer,
 peor para él."
Umberto Eco

¿Será la crónica el muro de contención para la supervivencia del periodismo o ella misma se precipitará al vacío? Entre el desaliento manifiesto por la crisis aguda que padece el periodismo muchos apuestan a la crónica para sortear con éxito el vendaval. Mientras el catalán Ignacio Ramonet se interrogaba hace quince años qué era ser periodista frente a los cambios y transformaciones en ciernes provocadas por el ascenso vertiginoso de los medios audiovisuales, el peruano Julio Villanueva Chang, director de Etiqueta Negra, cambia por completo la naturaleza de la pregunta. En su disertación magistral sobre la crónica publicada inicialmente en 2005 en Letras Libres, en la versión inédita dada a conocer cinco años después por el colombiano Darío Jaramillo Agudelo, (Antología de la crónica latinoamericana Alfaguara, 2012), pregunta con agudeza " si no estamos asistiendo a la muerte del periodismo". Una interpelación compartida.

La preocupación del peruano ha sido manifestada igualmente por connotados cronistas. Contrario a los aires festivos que soplan por distintas partes de la comarca latinoamericana, sus grandes cultores insisten en llamar la atención destacando el flagelo. Las reducciones drásticas introducidas por los editores conminando no sobrepasar 300, 400, 600 u 850 palabras son un mal presagio, pareciera ser una acta de defunción anticipada. Cada vez constriñen a los redactores a escribir menos. ¿En vez de atemperar la crisis la precipitan? La compresión es compulsiva, no se trata que la versión sea impresa o para la web. La vuelta de tuerca está en consonancia con los dictados feroces provenientes de las graderías. No hay estrategias ni propuestas alternas. Sin miramientos se sujetan a las directrices emanadas por quienes piensan que bastan 100 palabras para conocer lo que ocurre. ¡Cuánta ingenuidad!  Una regreso al lenguaje telegráfico.

Mientras combaten las primicias como mal endémico contemporáneo, los dirigentes de los medios escritos incurren en iguales despropósitos. La advertencia del argentino Martín Caparrós resulta justa y oportuna. En su defensa de la crónica le inquieta que los editores de diarios y periódicos latinoamericanos "se empeñen en despreciar a sus lectores". La contradicción expuesta resulta evidente, en vez de seducirlos tratan de deshacerse de ellos. No comparte que los editores para enfrentar a la tele y la radio, "suelen pensar medios gráficos para una rara especie que ellos se inventaron: el lector que no lee. Es un problema: un lector se define por leer, y un lector que no lee es un ente confuso". ¿Con esta manera de pensar no estarán acelerando la muerte del periodismo? No hay manera que entiendan que viajan por el camino equivocado y si al final resulta que el periodismo desaparece, no aceptarán la responsabilidad que les asiste en su muerte.

¿Cómo no compartir su juicio si lo que veo a mi alrededor no son más que réplicas de lo que Caparrós de forma juiciosa apunta para no sumarse a los desencantados? ¿Cómo pasar por alto sus reflexiones si constituyen una radiografía exacta de lo que ocurre en los predios de los editores? No existe peor doblez que la proveniente de quienes estando al frente del timón, en vez de ajustar la velocidad, evaden los compromisos que tienen para evitar que el periodismo pierda el rumbo y se precipite a los abismos. Azorados no saben qué hacer, dejándose arrastrar por la ola de las conveniencias financieras. En vez de cautivar son cautivados, antes que ensayar nuevas modalidades son presas de los temblores ocasionados por el ruido estruendoso de la imagen ante la que no habría ya nada que oponer. ¿Olvidan que las dimisiones provenientes en los grandes conglomerados mediáticos son auspiciadas por ellos mismos de manera flagrante?

Presas de pánico, sostiene Caparrós, "los carcome el miedo a la palabra escrita, a la lengua, y creen que es mejor pelear contra la tele con las armas de la tele, en lugar de usar las únicas armas que un texto no comparte: la escritura". La crónica viene a ser el sucedáneo, elíxir, ungüento o pomada para curar las agruras y restañar los chimones. Los editores deben comprender hoy más que nunca que ante la resequedad existente, la crónica reverdece el paisaje. Están poseídos por el vértigo de la velocidad. Villanueva Chang, insiste que la prensa diaria, "-sumada a su prosa de boletín, a su retórica de eufemismos y a su necesidad de ventas y escándalos- continúa padeciendo de un asunto metafísico: el tiempo. Lo actual es moneda corriente, pero tener tiempo para entender qué está sucediendo sigue siendo la gran fortuna". Con los programas actuales pueden inventarse guerras o presentar imágenes falsas como ocurrió a Obama. En las redes sociales lo ponen disparando una pistola, en el mismo instante que sostiene una campaña para regular el uso de las armas en Estados Unidos.

El periodismo telegráfico impuesto por los editores no es un problema ético ni profesional, "es pura vocación comercial", anota Villanueva Chang. El mercado se niega apostar para que la crónica sobreviva y pueda sortear los mil y un infortunios que la acosan, para eso se requiere otro tipo de editor. Mientras tanto seguiremos consumiendo breves parrafillos, notas escuetas, descontextualizadas. Miembro de una tribu en extinción, asumo complacido sus señalamientos: "Un lector de periódicos -impresos o electrónicos- percibe el mundo sobre todo a través de sus palabras: quien ahora no se preocupe por escribir bien no solo perderá lectores sino sobre todo gente que entienda que está sucediendo y que en consecuencia se conmueva, indigne o divierta". Las concesiones onerosas continuarán conduciendo a callejones sin salida. ¿Pero por favor díganme dónde puedo encontrar un editor que comprenda y actué de acuerdo con lo que ocurre en el campo del periodismo? Sobran los pretextos para no bajarse de las nubes.

¡Están mal acostumbrando el paladar de los lectores, después no habrá nada que hacer! Pareciera que no hay forma de salvar las contradicciones actuales. No menos dramáticas son las apreciaciones de la argentina Leila Guerreiro, recrimina que los editores "hayan decidido que los lectores no leen, pero insisten en hacer periódicos y revistas -objetos que solo están hechos para ser leídos- es, al menos, desconcertante. ¿Para qué insistir en la fabricación de algo que está destinado al fracaso? ¿Por qué no venden sus diarios y revistas y se compran canales de televisión? La encrucijada supone retos y desafíos que los dueños de medios impresos no quieren encarar. Sienten que todo se hunde bajo sus pies. La reinvención del periodismo sigue siendo tarea pendiente. ¿En verdad ya nada puede hacerse? Donde menos preocupación he visto por solventar la crisis es en las escuelas y carreras de periodismo. Entonces ¿para qué están? ¿Únicamente para lamentarse?


domingo, 23 de septiembre de 2012

Ocurrió lo esperado


El deslizamiento progresivo de Crónica TN 8 hacia posiciones cada vez más infamantes provocó lo esperado, diversos sectores de la sociedad nicaragüense han cuestionado su política informativa, demandando respeto y una redefinición de su perfil  noticioso. En la búsqueda de disputar el primer lugar a Acción 10, durante los últimos meses su escatología viene en picada. Su director confesó que de manera aviesa habían decido -como medida estratégica- recurrir a titulares y tomas procaces. Las gramáticas de recepción siempre han sido y serán abiertas. En vez de lograr el beneplácito ciudadano ha desatado un torrente de críticas. Incluso personas afines al gobierno han disentido públicamente de su conversión en una réplica del Noticiero Ya. No pueden mancillar la dignidad de las personas y resultar impunes.
 
Durante varios años hemos cuestionado que los pobres sean objeto de burlas, recriminaciones y expuestos al escarnio público. Las narrativas con que adoban el discurso resultan crueles. Delinear de manera exprofesa los contenidos de un noticiero televisivo para exhibir la desgracia ajena, tarde o temprano genera solidaridad. En la televisión la imagen constituye el elemento definitorio. Salir en la búsqueda diaria de hechos escabrosos, para que la cámara se regodee mostrando sangre, dolor y muerte, manifiesta que los parámetros a partir de los cuáles se construye la noticia, entran en contradicción con valores humanos elementales. Todavía resulta más grave si las personas y lugares, sometidas a este ritual cotidiano, son los más pobres y provienen de los barrios más humildes.

Cómo percibiría o qué tipo de quejas fueron interpuestas ante la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, que Omar Cabezas Lacayo, aliado incondicional del gobierno, demandó a los diputados de la Asamblea Nacional, buscar cómo atajar el atropello. El cuestionamiento explícito a la nota roja fue celebrado. Un funcionario que debe el cargo al Comandante Ortega, condenó su existencia, aunque equivocó de lugar para interponer la denuncia. ¿Qué cuerdas le tocaron para que tomara esta decisión? Esta fue la primera protesta desde las graderías de personas afines e identificadas con el gobierno. Los directivos de Crónica TN 8 siguieron interpérritos, no se dieron por enterados. ¿No se percatan que algo anda mal en lo que vierten en sus pantallas? ¿Ceguera o sordera? ¡Ambas cosas!

En vez de reaccionar de manera positiva ante los diferentes llamados, más bien decidieron intensificar su propuesta. Los titulares subieron de color. Tratando de jugar al doble sentido, olvidaron que la procacidad es un arma de doble filo. No es lo mismo como lo hace Otto de la Rocha en La palomita mensajera, que hacerlo en un noticiero televisivo donde lo que muestran es el sufrimiento humano. Su plato fuerte lo constituyen mujeres agredidas, insultos, accidentes de tránsito, pleitos vecinales, sangre sobre el rostro y el pavimento, cabezas partidas, brazos rotos, niños desamparados, desencuentros hogareños, etc. Pareciera que se han dado a la tarea de estigmatizar a los pobres creando estereotipos en su contra. Pobre=borracho. Pobre=pendenciero. Pobre=ladrón. Pobre=desobligado.

La naturaleza contradictoria del discurso televisivo de Crónica TN 8 ha sido percibida por periodistas que se identifican con la política gubernamental. En la cuenta en Facebook El valor de la comunicación, Morena Guadalupe, recrimina su política informativa y disiente eso que ella denomina la voz extra que dice: Y se cagó en… Y se rajó el zapote… Con sentido ético señala que son “frases tan vulgares y corrientes, que reflejan un gran irrespeto y una repugnancia claramente a la población de parte de ese canal televisivo, aunque lo hagan sin querer queriendo”. Desencantada afirma que las personas “claramente ven la burla, el irrespeto y el pisoteo de la dignidad a la población del sector más bajo, es como ensuciar las grandes acciones que el gobierno está haciendo”. Desde una óptica parecida fue el llamado de atención que planteó a este noticiero Informe Pastrán.

Morena Guadalupe interpela directamente a Juan Carlos Ortega, aunque piensa que esa idea no surgió del director de Canal 8. Su extensa requisitoria va dirigida expresamente a Ortega conminándole a que despida a quienes lo indujeron a tomar la decisión de insultar a los pobres y desamparados. Le hace notar que “Dentro de nuestro partido hay gente capaz y brillante que solo necesitan una oportunidad para explotar sus capacidades y ayudarte hacer brillar ese canal, el mayor éxito lo podes hacer con profesionalismo, ética y con respeto a todo el mundo… veo gente dizque fresita que son pan simple, sin sal, es decir sin gusto, búscate gente carismática que brille, profesional y con ética, que tenga desenvolvimiento natural y salvaje ante las cámaras, pero sobre todo que respete a sus mismos compañeros o colegas cuando estén juntos…”.

Tanto va el agua al cántaro que el pichel terminó rebasándose. A través de las redes sociales se produjo un movimiento exigiendo a Canal 8 poner fin a la orgía de sangre y descrédito. Crearon en Facebook Exigimos respeto TN 8. La iniciativa emprendida con la intención de pedir cordura al telediario ha resultado exitosa. El 10 de septiembre colgaron en el muro “Y los que faltan! Ánimo Nicaragua puede! En apenas tres semanas hemos demostrado, afirman sus promotores, que hay muchos nicaragüenses en desacuerdo con la manera de informar de TN 8. ¡Nicaragua les exige respeto! Celebramos con más de 3,559 que EXIGEN RESPETO. Nicaragua lo merece”. Una prueba más de desaprobación sobre la política informativa de un noticiero que en búsqueda del rating se mofa de la suerte de los más necesitados.

Durante la celebración del 8 de septiembre, Día Internacional del Periodista, el vicario de comunicación de la Arquidiócesis de Managua, Silvio Fonseca, condenó en términos muy duros la nota roja. Igual molestia expresó la Red de Mujeres contra la Violencia. Nadie puede sentirse feliz ni estar de acuerdo con un noticiero que viola derechos sustantivos. Las protestas se han traducido en un leve giro. Un monitoreo realizado entre el lunes 10 y jueves 13 de septiembre, evidencia que continúan usando un lenguaje denigrante y denigratorio. El lunes, una voz imitando a mujer afirma: “Sos una zorra, mantenida, a como vos mantenida”. El jueves el titular decía Al cano por pijiar a su roco. Luego en el cuerpo de la noticia deja oír, Qué es lo que querés hijo de puta, mamar turca hijo de puta. ¡Cómo no concitar condenas y rechazos!