jueves, 25 de julio de 2013

Medios y periodistas atraviesan tempestad

La separación abrupta de Onofre Guevara de El Nuevo Diario es una mala señal para el estado de salud de la libertad de expresión en Nicaragua. Cada vez más se reducen los márgenes para el pluralismo y la existencia de la tolerancia


Abuso
Una vez más se impuso la cadena televisiva nacional en abierta violación a la Ley de Telecomunicaciones. Telcor ni siquiera se atuvo al Acuerdo Administrativo 013-2010. En esta disposición nacida de la nada. Telcor obliga a las estaciones televisivas la reserva de un canal por cada 32 a 38 canales y así sucesivamente. El 19 de julio no respetó la decisión antojadiza que dio origen a la creación del acuerdo.

Eliminados
Como acostumbra mandó a poner en negro las pantallas de los canales de TV Cable. Esta práctica reiterada ha encontrado la oposición de los televidentes, quienes han reclamado a las empresas oferentes de estos servicios, sin que hasta la fecha hayan obtenido respuesta. Ni positiva ni negativa. La empresa Claro, la mayor servidora de la TV Cable ha optado por hacerse la desentendida.

Razones
La forma que procede Claro se presta a diversas interpretaciones. ¿Debemos entender su silencio como una forma de volver evidente que se trata de una imposición gubernamental? ¿Su mutismo obedece a que no desea mal disponerse con el ente regulador? ¿Si una empresa cumple cabalmente con las disposiciones establecidas en la ley qué motivaciones tiene para no cumplir sus contratos con los abonados?

Privilegios
¿A quién se debe una empresa de servicios sino a sus clientes? ¿No será que Claro ha obtenido privilegios especiales que impiden formular cualquier tipo de cuestionamiento a Telcor? ¿Su condición cuasi monopólica podría verse amenazada? ¿Los soportes sobre los que sostiene su liderazgo no son lo suficientemente sólidos? ¿Teme perder ascendiente ante las autoridades de Telcor?

Censurado
La guillotina amortajó la cabeza de Onofre Guevara López, columnista de El Nuevo Diario. La columna 1008 que debió aparecer en la página de opinión de ese medio el día de hoy, martes 23 de julio ya no pudo ser. La censura eliminó su condición de periodista de ese medio de comunicación. Los dueños de El Nuevo Diario han venido eliminando de manera progresiva las voces disidentes.

Señalado
Guevara señala directamente a Luis Rivas, Gerente General de Banpro, como responsable de su defenestración. Ve su separación como resultado lógico de la colusión de intereses entre el poder económico y el poder político. Insiste en señalar que la razón específica por la cual adquirieron ese medio de comunicación fue con el afán de hacer negocios. Al menos así lo dijeron en su primer comunicado.

Mala señal
La separación abrupta de Guevara es una mala señal para el estado de salud de la libertad de expresión en Nicaragua. Cada vez más se reducen los márgenes para el pluralismo y la existencia de la tolerancia. En el mismo momento de su llegada los nuevos dueños suprimieron Don Procopio y Doña Procopia, columna incisiva y cargada de humor, ese ingrediente que los poderosos no saben cómo lidiar.

El Alacrán
Después le llegó el turno al suplemento dominical El Alacrán, una de las pocas publicaciones humorísticas del país. Su eliminación, pretextaron sus dueños, obedeció a razones estrictamente económicas. Nosotros jamás dimos crédito a las afirmaciones de sus propietarios. Se trató simple y llanamente de una decisión para quedar bien con el gobierno. El tiempo ha venido a darme la razón.

Pronóstico
Vuelvo a insistir, la separación definitiva del caricaturista, Pedro Xavier Molina, solo es cuestión de tiempo. Los cambios radicales en la política informativa y editorial de El Nuevo Diario no presagian nada bueno, sobre todo para quienes ejerzan su derecho a criticar al gobierno. La eliminación del periodismo investigativo y noticias sobre el acontecer político fueron las primeras decisiones de sus nuevos dueños.

Renunció
Periodistas y medios han difundido la renuncia irrevocable del director en funciones de El Nuevo Diario, León Núñez. Adujo que las razones por las cuales optó por irse se debe a la intromisión sistemática del gerente general de Banpro, Luis Rivas. Expresó que las interferencias eran sistemáticas, incluso llegó a vetar su autoridad en diferentes momentos, incluyendo la página de opinión.

Invariable
La política informativa del gobierno continúa invariable. No importa la existencia de la Ley de Acceso a la Información Pública. Su desconocimiento es congruente con la determinación de no brindar información a los pocos medios ajenos a su influencia. Ojalá esto no implique la autocensura de parte de periodistas y medios que todavía fiscalizan el comportamiento de las instancias del Estado.

Ajenos
Mientras medios y espacios críticos se reducen a la mínima expresión, el sector empresarial se mantiene ajeno. ¿Es pensable el juego democrático sin la presencia de medios y periodistas que insistan en criticar el poder? ¿La afirmación que sin libertad de prensa no es posible la democracia es un simple eufemismo? Estos medios han apostado por la defensa de las libertades ciudadanas. 

Voces
¿A quién beneficia la existencia de un discurso monotemático? ¿Al conjunto de la sociedad nicaragüense? ¡Nunca! La convivencia democrática demanda la presencia de múltiples voces. La concentración de la televisión en VHF (Canales 2 al 13) en dos manos, se traduce en una reducción sustantiva del pluralismo en todas sus manifestaciones. Los canales de expresión siguen constriñéndose.

Muestra
El periodista David Rivera, miembro del cuerpo periodístico de Canal 12, el único canal en VHF libre de ataduras oficiales, manifestó en la audición de anoche de Noticias 12, que había sido impedido de dar cobertura a la reunión que celebró el ministro de finanzas con directivos de la UNAM. Una muestra inobjetable de la discriminación que sufren algunos medios y periodistas de parte de funcionarios de gobierno.
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Guillermo Rothschuh Villanueva. Director del Observatorio de Medios-CINCO.
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miércoles, 5 de junio de 2013

Una profesión asediada





El periodismo continúa siendo una profesión riesgosa, llena de sobresaltos, cargada de tensiones, objeto de suspicacias, vituperada por los políticos, amenazada por los gobernantes, intervenida por los anunciantes, acechada por el narcotráfico, justamente valorada por la ciudadanía. Según el contexto donde se ejerza padecerá los apremios del poder, estará sometida al hostigamiento constante, evitará la condescendencia y se convertirá en un auténtico contrapoder. Nunca cejará en la búsqueda de la verdad y a pesar de los tiempos aciagos -asistimos a una mercantilización galopante de la información- siempre habrá voces que no transarán con los poderosos. Ese pequeño margen que aún queda, será bastión irreductible para poner en evidencia las corruptelas, los abusos de poder, el enriquecimiento ilícito, los atropellos y violaciones a las leyes.

El verdadero periodismo siempre resultará incómodo y refractario a los poderes establecidos. Esta ha sido su esencia y por mucho que haya sido pervertido por algunos palafreneros, hay quienes no transigen ni deponen sus banderas. Las formas contemporáneas de sometimiento han cambiado, las políticas de cooptación son ensayadas por gobernantes, políticos y empresarios. Se trata de someter sus políticas editoriales e informativas, comprar medios y espacios para acallar voces, premiar a los sumisos y castigar a quienes se niegan hacer coro a sus veleidades. Los gobernantes cada día se convencen lo lesivo que resulta recurrir a la censura directa. No habrá cierres intempestivos ni impondrán mordazas. Los costos resultan demasiado altos en relación a los réditos obtenidos.

Evitan las multas y los juicios punitivos, la historia enseña que gobiernos que acuden a estos expedientes, en vez de mostrar fortaleza, muestran sus debilidades y su animadversión hacia medios y periodistas. Solo en situaciones extremas recurrirán al uso de la fuerza y brutalidad descarnada. En la medida que extiende su radio de influencia ensayarán otras acciones igualmente eficaces. El control de la publicidad tanto gubernamental como privada es una muestra elocuente. Será canalizada hacia aquellos medios que resultan susceptibles a sus requiebros. La cuantía dependerá de su efectividad y alcance. Entre mayor sea el nivel de aceptación del medio y el prestigio que goza el periodista, podrán recibir pautas publicitarias. En muchos casos la autocensura terminará imponiéndose. En la mayoría de las ocasiones ese es su propósito confeso.

Con el auge de los medios audiovisuales, resultará efectivo posponer de manera indefinida la revalidación de las licencias. No tendrán prisa en emitir leyes o decretos que pongan fin a la agonía que esto genera. Instalaran la incertidumbre como mecanismo paralizante y esta planeará sobre sus cabezas como una amenaza permanente. Entre mayor el tiempo transcurrido para la renovación de las licencias, los dueños de estaciones de radio y televisión, serán consumidos por la desesperación. Los gobernantes han aprendido a medir y calcular los tiempos con precisión milimétrica. El arte de la política consiste en hacer del tiempo un aliado permanente. Sin medios audiovisuales el ejercicio del periodismo se paraliza. Entra en un letargo alucinante. Algunos espacios radiales y televisivos van desapareciendo. Dejan de existir.
Ciertos anunciantes tratan de evitar contradicciones con los gobernantes. El destino de la publicidad cambia de rumbo según quien detente el poder. Los mayores porcentajes van hacia medios y periodistas afines con las políticas gubernamentales. Una revisión de su comportamiento desde 1990 arroja estos resultados. No quieren que la publicidad pautada a periodistas y medios disidentes sea interpretada como una forma de apoyo a sus políticas informativas y editoriales. La mediatización resulta fácilmente perceptible. Ante la resistencia de medios y periodistas a intromisiones obscenas, anunciantes y gobernantes vienen apostando por disponer de su propio aparato mediático. Con esta determinación tratan de evadir la responsabilidad de rendir cuentas a la ciudadanía. Prefieren hacerlo en su remanso alcahuete. ¡Para eso fue creado!

Algunos anunciantes trazan una línea divisoria entre buenos y malos. Los buenos son quienes sirven y se pliegan a sus dictados. La revoltura de haberes inhibe a los medios bajo su tutela a informar lo que acontece en el vasto mundo de sus intereses económicos. Los márgenes para escuchar a la ciudadanía se estrechan. Esta situación exige un debate a fondo sobre la propiedad de los medios en Nicaragua. Un tema medular debido a que los medios cumplen funciones de servicio público, gozan de muchas prerrogativas y están obligados a informar sobre lo que pasa en su entorno. Mientras continúe este proceso resulta imposible pensar en políticas informativas y editoriales amplias. El derecho a disentir ha venido siendo proscrito. La libertad de expresión está siendo falsificada y pervertida. Nadie puede señalar sus exabruptos sin temer a la descalificación y persecución implacable de sus acólitos.

El atrincheramiento de los dueños y dirigentes de El Nuevo Diario demuestra el rechazo de ciertos medios de aceptar y propiciar el debate público. Ante estas actitudes y la incomodidad que les provoca el disentimiento ciudadano, el Observatorio de Medios-CINCO se ha preocupado que los medios visibilicen a mujeres, niñez, adolescencia y jóvenes y ha demandado un mejor trato para las etnias y pueblos originarios. También hemos reivindicado los reclamos de las personas discapacitadas. No les ofrecen trabajo pese a contar con los mismos conocimientos, destrezas y habilidades que las demás personas. Nuestra condena a la nota roja ha sido explícita. Es infamante y violatoria de los derechos humanos. ¿Deberíamos callar ante la decisión de El Nuevo Diario de reducir a la mínima expresión el trabajo del CENIDH, en denunciar y defender derechos elementales violados o conculcados por los poderes públicos? ¡Eso parece que quisiéramos que hiciésemos!

La mayoría de los medios fiscalizan la gestión pública, contradictoriamente se muestran renuentes a rendir cuentas ante la ciudadanía. No pueden ni deben colocarse por arriba del conjunto del resto del entramado sociocultural, político, económico y educativo del país. A través del Observatorio -con sus aciertos y limitaciones- hemos puesto en agenda la necesidad de conferir un nuevo estatuto a las mujeres periodistas. Es inconcebible que siendo mayoría en las salas de redacción y disponiendo de iguales capacidades, no se les confíen cargos de dirección. Con justicia hemos celebrado que los canales 4, 6, 12, 13, 14, 15 y 23 no hayan acogido la nota roja. La Prensa y El Nuevo Diario se distinguen por su receptividad a las peticiones formuladas por las mujeres, en la búsqueda de un trato más digno y humano. Nuestra posición ha sido evitar la violencia mediática y la re-victimización de las mujeres que de manera cotidiana realizan Crónica TN 8 y Acción 10.
¿A qué factores atribuir que El Nuevo Diario y Canal 2 hayan renunciado a criticar el poder? En sociedades como las nuestras donde la división de poderes no funciona, los medios deben asumir su papel de contrapoder. El Observatorio ha sido firme en la defensa de la libertad de expresión. Si en algo hemos persistido ha sido en exigir a los poderes establecidos respeto y cero agresiones contra medios y periodistas nicaragüenses. El análisis de los medios oficiales y la falta de entrega de información de parte del gobierno e instituciones controladas por el partido gobernante, vuelve apremiante el cumplimiento de la Ley de Acceso a la Información Pública y la práctica de un periodismo más beligerante. ¿Cómo no acoger entonces las críticas formuladas contra El Nuevo Diario ante su silencio frente a temas políticos de interés ciudadano? ¿La inexistencia y supresión que hizo del periodismo investigativo a quién beneficia? ¿A sus lectores? ¡Nunca!

¿No sería contradictorio que el Observatorio callara ante la dimisión de El Nuevo Diario frente al manejo de la cosa pública? ¿Debe preocupar o no la exclusión que hizo de la columna Hablemos de Abuso sexual? ¿Deberíamos haber permanecido impasibles ante la censura que ejercía sobre la Columna Semanal del Observatorio de Medios-CINCO, eliminando las críticas a ese medio y el reconocimiento a otros medios y periodistas? ¿Debería callarme ante el cierre de El Alacrán? ¡La reacción ciudadana indica lo contrario! Las políticas editoriales e informativas no deben ser intervenidas por una corporación bancaria. Inquieta la desaparición de los programas matutinos de opinión en la televisión, con la honrosa excepción de los canales 12 y 15. La creación de un duopolio televisivo causa desasosiego. El adelgazamiento del pluralismo tiene efectos nocivos para la convivencia democrática.

El Observatorio se ha comprometido seriamente en el análisis y estudio de los medios de comunicación en Nicaragua. Un total de once estudios especializados sobre diversos aspectos entre los que sobresalen Periodismo y elecciones municipales, Cobertura Electoral, Los corresponsales, una mirada al país, El estado de la libertad de expresión en Nicaragua 2007-2008, forman parte de nuestro compromiso con audiencias y lectores. La columna donde registramos aciertos y desaciertos va por las doscientas siete semanas. Nos hemos ocupado acerca de la urgencia y necesidad que Telcor responda a los intereses de los usuarios y se encarrile por los senderos de la legalidad. Continúa actuando por las vías de hecho. Jamás ha sido receptivo a los reclamos de los suscriptores de la TV Cable. Es posible que hayamos incurrido en insuficiencias y errores. Pedimos disculpas nuevamente por no poder abarcar el universo de medios nacionales.

En un panorama adverso como este debemos sentirnos regocijados que aún quedan medios y periodistas que continúan criticando y ejerciendo su función crítica. Una posición  altamente onerosa. El avasallamiento se impone. La publicidad oficial y los anuncios de grandes consorcios son negados o retirados. Objeto de suspicacias, discriminados, hostilizados y mirados de reojo, asumen riesgos y continúan dignificando el periodismo y solidarizándose con la ciudadanía. ¿Importa o no a los nicaragüenses la supervivencia de este tipo de periodismo? ¿Están conscientes de su importancia y significado? ¿Se han percatado que ante el debilitamiento y desprestigio de la clase política cumplen una función valiosísima en la defensa de sus derechos? ¿Entre menor sea el número de medios y periodistas no temen que un día esas voces sean apagadas? ¡Escucharemos una sola voz y una versión edulcorada de lo que ocurre en Nicaragua!      

miércoles, 8 de mayo de 2013

Los apologistas de las mentiras



Con el ánimo de desviar la atención del asunto central –el cierre inexplicable e intempestivo de El Alacrán- los dueños y dirigentes de El Nuevo Diario, han emprendido una campaña de linchamiento en mi contra, basada en una sarta de falsedades, adobadas al estilo estalinista.

En distintos momentos hemos discutido la validez o no de los cambios de dueños en los medios de comunicación. Nunca ha habido una sobre reacción como la rabieta expresada por los dueños y dirigentes de El Nuevo Diario. Cuando se produjo la venta de Telenica Canal 8, el relanzamiento de La Prensa, la venta de Canal 2 y el acaparamiento televisivo que ha permitido la creación de un duopolio encabezado por el mexicano-estadounidense Ángel González y la familia gubernamental, formulamos nuestras apreciaciones.

En Esta Noche han comparecido los periodistas y dirigentes de medios a discutir sobre temas de comunicación, los únicos que han rehuido al debate son los dirigentes de El Nuevo Diario. Más bien han rehuido al debate público y en su lugar han optado por la descalificación sin entrar a fondo a los temas de debate.

En cuanto a las afirmaciones de El Nuevo Diario debo aclarar:

Primera mentira.- Nunca fui Vice-Ministro de Cultura, como afirman los apologistas de la mentira.

Segunda mentira.- Jamás fui director de Medios de Comunicación en el Ministerio del Interior, como mal intencionadamente expresan. Para aclarar el infundio únicamente bastaba preguntar al licenciado Juan Ramón Huerta, jefe de Globo, la sección internacional de El Nuevo Diario. ¿Por qué no lo hicieron?

Foto tomada en el Aeropuerto Augusto C. Sandino, a mi regreso de Venezuela donde acompañé al Ministro Borge. En la foto con un círculo se destaca al joven Juan Ramón Huerta, miembro del equipo de RRPP del Ministerio de Interior. Foto 13/10/81



Llegué al Ministerio del Interior en enero de 1981 como Director de Relaciones Públicas. http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/59135 Sustituí en el cargo a don Guillermo Genie. El equipo de trabajo bajo mi responsabilidad estaba conformado por los periodistas William Montiel, Yadira Báez y Michelle Castellón, todos miembros de la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN). Mi nombramiento lo hizo público en la Unión de Periodistas de Nicaragua en diciembre de 1980.



Nombramiento en la sede de la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN), hecho público por Tomás Borge. Foto publicada en Barricada el 3 de enero de 1981, pág. 6


Para fortalecer el cuerpo de periodistas se contrató a Juan Ramón Huerta, a quien los dueños y dirigentes de El Nuevo Diario, bastaba que consultasen para no incurrir en otra falsedad. Estuve en la Dirección de Relaciones Públicas del Ministerio del Interior hasta diciembre de 1981.

Tercera mentira.- En enero de 1982 pasé a la Universidad Centroamericana (UCA) donde como profesor de tiempo completo de la Carrera de Sociología. El Dr. Guillermo Vargas Sandino logró mi contratación con el Rector de la UCA, Amando López S. J. Entre enero y julio también empecé una asesoría en comunicación en el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria (MIDINRA). La periodista Magdalena Reyes, ahora en Migración y Extranjería, trabajó conmigo en esos meses.

En agosto de 1982 partí para México a realizar estudios en comunicación en la División de Postgrado de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). ¿Cómo podría censurar los medios si para entonces me encontraba fuera del país estudiando?

Regresé a Nicaragua en mayo de 1984 como miembro del equipo de asesores del Ministro del Interior, Comandante Tomás Borge Martínez.

Las publicaciones de El Nuevo Diario, ante la imposibilidad de defender el atropello cometido contra Pedro Xavier Molina, al haber cerrado El Alacrán, no les ha importado estar haciendo apología de la mentira. No han tenido escrúpulos en recurrir a la difamación y la calumnia. Yo cargo mis muertos no con los ajenos.



Otros artículos de referencia:
¡Por la verdad histórica! http://www.elnuevodiario.com.ni/sucesos/52602



viernes, 3 de mayo de 2013

Atrapados en su propia trampa




En la práctica de los mandatarios nicaragüenses y dirigentes de Telcor, ha prevalecido una visión estrábica. Siempre que han podido han franqueado la Ley de Telecomunicaciones (Ley 200), haciendo prevalecer el Código de Comercio, como si sus disposiciones encerraran el secreto de la piedra filosofal. Todo con el ánimo de satisfacer las demandas de ciertos dueños de radio y televisión en sus distintas variantes, así como de los operadores de internet y servicios de telefonía básica y móvil. El recuento de acontecimientos es largo y comprende a todas las administraciones, tomando como punto de partida el gobierno de Doña Violeta Chamorro. Ninguno ha escapado a las arbitrariedades.

Las telecomunicaciones no debieron privatizarse, Costa Rica fue el país centroamericano que mejor entendió su carácter estratégico y sus implicaciones para el desarrollo de la vida contemporánea, razón suficiente para no ser fácilmente enajenadas. Todos los partidos con representación en el seno de la Asamblea Nacional participaron en esta charanga. Ningún político fue capaz de entender que Nicaragua se estaba deshaciendo de su activo más valioso e importante. Desde entonces prevaleció una visión estrictamente mercantil, absolutamente comercial. No quisieron entender los nexos que la comunicación tiene con la preservación de la identidad y cultura nacional.

No fueron capaces de voltear la mirada hacia los países más desarrollados. Los límites que imponen estas naciones a la inversión extranjera se deben fundamentalmente a su naturaleza estratégica. El nuevo modo de acumulación de capital tiene a las telecomunicaciones como soporte. Es su centro de gravitación y eje rotor. Las bases y bancos de datos encierran el mayor tesoro planetario. Son los abrevaderos donde se nutre el imaginario mundial. En Nicaragua la cultura nunca ha sido percibida como la fragua donde se forjan visiones y sensibilidades, maneras de entender y actuar de los pueblos. También se ha obviado y pretendido desconocer que las culturas son hoy en día el principal sector en disputa y las telecomunicaciones el eje articulador de este debate.

Cualquier precio que pagaran los adquirentes por la infraestructura de telecomunicaciones era irrisorio. No se trataba únicamente de pesos y centavos, aunque se trate de un sector económico muy dinámico, genuino generador de recursos financieros. Con el giro experimentado el conocimiento ha pasado a ser clave en la generación de riquezas. La sociedad que vivimos ha sido caracterizada como sociedad red. Las telecomunicaciones son a la vez el centro neurálgico de la política mundial. El segundo traspiés fue la reforma al Artículo 29 de la Ley 200, que imponía límites a la inversión extranjera en el campo de radio y televisión. Una enorme hendidura que sangró y debilitó este cuerpo jurídico.

Con astucia matrera -hecha la ley hecha la trampa- hicieron que el Código de Comercio fuese el santo y seña para que estas compras fuesen consideradas como una simple operación entre privados. Desde entonces ha prevalecido este criterio entre quienes han ejercido la dirección ejecutiva de Telcor. Se han mostrado ciegos, sordos y mudos ante los cambios intempestivos de las frecuencias radioeléctricas. El caso más flagrante fue la venta de Canal 10. El empresario mexicano-estadounidense Ángel González se enteró que estaba en un país donde las reglas jurídicas podían ser violadas, acontecimiento que marcó el nacimiento de su emporio mediático en Nicaragua.

La siguiente operación fue la venta de Estesa al empresario mexicano Carlos Slim, con su adquisición Claro adquirió una posición privilegiada, conquistaba la televisión por cable, consolidando una posición cuasi-monopólica. No le bastaba la telefonía fija, móvil e internet, entraba de lleno al campo de la televisión. Telcor consintió sin objetar nada. El argumento esgrimido para no intervenir fue que se trataba de una transacción entre privados. El ente regulador fingió nuevamente estar ciego, sordo y mudo. La operación se realizó bajo las normas establecidas en el Código de Comercio. Igual ocurrió con la compra-venta de Canal 8, afirmaron sin empachos que se trataba de una compra-venta entre privados. La ley de 200 fue pasada por alto, pese a estar de por medio en todas estas operaciones el traslado de las frecuencias, incluyendo la otorgada a Canal 8.

Telcor de pronto ha recobrado la memoria y se acordó que las frecuencias son del Estado. El artículo 10 de la Constitución Política establece que se trata de un bien de la nación. Me sorprendió el tono amenazante contra Sky, utilizado por su director, Orlando Castillo. Dejó ver que algunos personeros del gobierno prefieren actuar bajo las premisas de premio-castigo. No puede ni debe haber disentimiento. Nadie debe objetar su actuación aun cuando actúe a contrapelo de lo establecido en la Ley 200. El mensaje enviado es que si siguen chillando les van a cortar la yugular. ¿Su actitud intimidatoria tiene que ver con las graciosas concesiones hechas a lo largo del tiempo a Claro, Movistar y también a Sky? González permanece ajeno a estas refriegas, mientras Shinwei y Yota no se dan por aludidas. Sienten que este rifi-rafe no es con ellos.

Para que Telcor pueda emitir el Acuerdo 005-2013 la Ley 200 tiene que ser reformada. La ley no le otorga las facultades auto conferidas. Como la bancada de gobierno alega que esta ley no debe seguir parchándose, la única alternativa viable sería mediante la aprobación de una nueva Ley de Telecomunicaciones que venga a poner fin a tantas discrecionalidades y arbitrariedades y otorgarles las prerrogativas que ha venido abrogándose. Si esto no ocurre Telcor continuará actuando por las vías de hecho. Como gesto positivo las autoridades del ente regulador deberían reencauzar sus actuaciones por los senderos de la legalidad. Tejieron con tanta delectación la trampa en la que se encuentran atrapados, que ahora su actuación provoca rechazo incluso entre sus beneficiados. ¡Qué ironía! 

lunes, 8 de abril de 2013

Cronistas centroamericanos



I. Una observación imprescindible. ¿Qué tipo de reacciones provocará entre los lectores del área centroamericana la Antología de la Crónica latinoamericana actual (2012), del colombiano Darío Jaramillo Agudelo? Incluyó únicamente a tres periodistas salvadoreños. Desconozco qué dirán guatemaltecos, hondureños, costarricenses y panameños, pero estoy enterado del juicio de los nicaragüenses Octavio Enríquez del semanario Confidencial e Ismael López Campos de la revista televisiva Esta Semana. Consideran absolutamente injusta la exclusión de la saga del nicaragüense José Adán Silva, quien puso sal a los estragos ocasionados por el nemagón, trabajos publicados por La prensa entre el 10 y el 13 de noviembre de 2003. Aún cuando toda antología es el resultado de una serie de discrecionalidades, una omisión como esta genera suspicacias y provoca animosidades.

Los trabajos de Silva son un dechado de escritura, prosa fluida construida con soltura de ballestita, cuenta una desventura inconsolable con agudo ejercicio reporteril y sirve de espejo para apreciar el desarrollo de la crónica en Nicaragua. Un mojón imposible de divisar en el horizonte de la crónica centroamericana, más allá que los tres autores salvadoreños antologizados por Jaramillo Agudelo, ratifican que en la cintura de América la crónica cuenta con prestidigitadores curtidos. La inconformidad de Enríquez y López Campos, constituye un llamado urgente para que no sigan ocurriendo estas omisiones, sobre todo que el antologista colombiano pretendía ofrecernos una muestra representativa del subcontinente americano. Ni antillanos ni brasileños figuran, no porque no lo merezcan, quedaban fuera de su mirada.

II. Una visión aterradora. El hecho que los tres periodistas antologizados estén vinculados con El Faro de El Salvador, no se debe al azar. Cuando Carlos Martínez D´Abuisson pidió al juez Atilio Ramírez Amaya le contara su desdicha, concedió la entrevista "porque yo no representaba a ninguno de los medios tradicionales del país, a los que mira con una mezcla de resentimiento y desconfianza". El asesinato del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, un cura que apostó por los pobres y murió acribillado a balazos el lunes 24 de marzo de 1980, jodió la vida del juez Atilio y precipitó la violencia impune en el pulgarcito de Centro América. Era tiempo de ver, oír y callar, pero como rememora Carlos, en medio de todo aquel silencio había una sola voz, su voz, que incendiaba el país cada domingo. Sobrecogen los padecimientos de Atilio y su tormentosa fuga para burlar la muerte.

Las fiebres que le provocan miedo solo concluirán cuando comparezca como testigo y cierre el caso más importante de su vida. En el inicio de la guerra caliente que vivió ese país, los jueces servían por turnos y en la rifa de la lotería, el día que entró a la posteridad el Arzobispo Romero, Atilio estaba de turno. ¡Ni que lo hubiese pedido! Lo que vendría a partir del peritaje realizado junto con los forenses, sería una interminable agonía no solo para los salvadoreños, Atilio sufrió en carne viva los asedios del poder militar. Enterados que él sería quien enjuiciaría a los culpables, el primer mensaje recibido en casa -esperaba a su asistente- fue la llegada de dos hombres con el objetivo expreso de asesinarle, los sicarios no contaban que Atilio tenía los güevos bien puestos.  Los recibió a punta de plomo. Como ocurrió durante esos años, el infortunado vivió parte de su calvario en Nicaragua.  

III. La otra cara de la violencia. La crónica de Roberto Valencia, español-salvadoreño, resulta la contracara de la violencia que asola El Salvador. Vivir en La Campanera, una especie de gueto, estigmatizado por los medios, víctima de la exclusión, espacio habitado por seres singulares, asesinos y criminales, según registran en sus páginas, micrófonos y pantallas. En términos comparativos, sus hermanos siameses en Nicaragua serían el Jorge Dimitrov, pared de por medio con las instalaciones de la Jefatura Nacional de Policía o tal vez el Reparto Schick, que pese a todo no se libera de esta acusación. Valencia presenta la bitácora que levantó sobre los peligros que acechan a quienes viven en La Campanera, sometidos a vigilancia implacable por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional Civil. El poder y sus satrapías, ¡primero matan después investigan!

El calvario cotidiano son los vejámenes y mal trato recibidos, golpizas, pequeñas extorsiones, manoseo de jovencitas, un mundo donde siempre se presume la culpabilidad. ¡A la mierda con el principio de inocencia! Un conjunto de relatos donde la voz de los pastores, escuchadas a coro, clama por sus rebaños. Las rivalidades de las pandillas convierten cada pulgada de la capital salvadoreña en territorio de la Mara Salvatrucha o la Mara 18. El estigma permanece, "una mancha de óxido en una camisa blanca", obligándoles a mentir en sus hojas de vida, registrando su dirección en cualquier lugar menos que son los hijos malnacidos en La Campanera. Mienten o jamás consiguen trabajo. Crónica con enorme capacidad narrativa, nos lleva al convencimiento de la necesidad de conceder otro trato a sus pobladores. Ninguno de sus gobernantes lo ha querido entender.

IV. La diáspora. La guerra de los ochenta, produjo una hemorragia de migrantes, escalada que todavía no concluye en Centro América. Con la mirada atenta, Oscar Martínez D´Abuisson salió a su encuentro. Un pueblo camino a la frontera, cierra el abanico esplendoroso con que abre sus páginas la antología de Jaramillo Agudelo. Su desplazamiento hasta Altar, ubicado en el desierto de Sonora, le sirve de pretexto para contarnos las vicisitudes que sufren los migrantes del istmo centroamericano. Desde la óptica de la violencia, los trabajos antologizados son un formidable registro de los días que ha vivido y continúa viviendo Centro América. Con prosa punzante, estilo depurado y conjugación de tiempos en espacios habitados por el terror: en El Salvador, Honduras y Guatemala, las drogas estremecen sus sociedades, en Nicaragua pretenden levantar casa.  

Cuando la dicha los embarga, pensando que cruzaran la frontera estadounidense, sus sueños se pasman, víctimas de los burreros, narcos, polleros y autoridades policiales mexicanas, sobrellevan un drama al que de alguna manera saben que se precipitan, pero son incapaces de renunciar, buscando mejor vida. Oscar muestra el otro miedo, abusadas, robados y asesinados, sometidos al escarnio pagan cara su osadía. Nos devela el muro que se levanta en la frontera México-estadounidense, impedimento, trabas que no existen para las mercancías, libertad comercial y financiera, nunca de movilización y desplazamiento de las personas. El mismo sistema que los expulsa de sus territorios de origen, cierra las fronteras y niega el acceso, condenándoles a padecer otro miedo, tan aterrador como el que dejaron atrás. Tres testimonios difíciles de olvidar.

*Fotografías obtenidas de Internet

domingo, 10 de febrero de 2013

Crónica versus prensa telegráfica


 "El que no encuentra tiempo para leer,
 peor para él."
Umberto Eco

¿Será la crónica el muro de contención para la supervivencia del periodismo o ella misma se precipitará al vacío? Entre el desaliento manifiesto por la crisis aguda que padece el periodismo muchos apuestan a la crónica para sortear con éxito el vendaval. Mientras el catalán Ignacio Ramonet se interrogaba hace quince años qué era ser periodista frente a los cambios y transformaciones en ciernes provocadas por el ascenso vertiginoso de los medios audiovisuales, el peruano Julio Villanueva Chang, director de Etiqueta Negra, cambia por completo la naturaleza de la pregunta. En su disertación magistral sobre la crónica publicada inicialmente en 2005 en Letras Libres, en la versión inédita dada a conocer cinco años después por el colombiano Darío Jaramillo Agudelo, (Antología de la crónica latinoamericana Alfaguara, 2012), pregunta con agudeza " si no estamos asistiendo a la muerte del periodismo". Una interpelación compartida.

La preocupación del peruano ha sido manifestada igualmente por connotados cronistas. Contrario a los aires festivos que soplan por distintas partes de la comarca latinoamericana, sus grandes cultores insisten en llamar la atención destacando el flagelo. Las reducciones drásticas introducidas por los editores conminando no sobrepasar 300, 400, 600 u 850 palabras son un mal presagio, pareciera ser una acta de defunción anticipada. Cada vez constriñen a los redactores a escribir menos. ¿En vez de atemperar la crisis la precipitan? La compresión es compulsiva, no se trata que la versión sea impresa o para la web. La vuelta de tuerca está en consonancia con los dictados feroces provenientes de las graderías. No hay estrategias ni propuestas alternas. Sin miramientos se sujetan a las directrices emanadas por quienes piensan que bastan 100 palabras para conocer lo que ocurre. ¡Cuánta ingenuidad!  Una regreso al lenguaje telegráfico.

Mientras combaten las primicias como mal endémico contemporáneo, los dirigentes de los medios escritos incurren en iguales despropósitos. La advertencia del argentino Martín Caparrós resulta justa y oportuna. En su defensa de la crónica le inquieta que los editores de diarios y periódicos latinoamericanos "se empeñen en despreciar a sus lectores". La contradicción expuesta resulta evidente, en vez de seducirlos tratan de deshacerse de ellos. No comparte que los editores para enfrentar a la tele y la radio, "suelen pensar medios gráficos para una rara especie que ellos se inventaron: el lector que no lee. Es un problema: un lector se define por leer, y un lector que no lee es un ente confuso". ¿Con esta manera de pensar no estarán acelerando la muerte del periodismo? No hay manera que entiendan que viajan por el camino equivocado y si al final resulta que el periodismo desaparece, no aceptarán la responsabilidad que les asiste en su muerte.

¿Cómo no compartir su juicio si lo que veo a mi alrededor no son más que réplicas de lo que Caparrós de forma juiciosa apunta para no sumarse a los desencantados? ¿Cómo pasar por alto sus reflexiones si constituyen una radiografía exacta de lo que ocurre en los predios de los editores? No existe peor doblez que la proveniente de quienes estando al frente del timón, en vez de ajustar la velocidad, evaden los compromisos que tienen para evitar que el periodismo pierda el rumbo y se precipite a los abismos. Azorados no saben qué hacer, dejándose arrastrar por la ola de las conveniencias financieras. En vez de cautivar son cautivados, antes que ensayar nuevas modalidades son presas de los temblores ocasionados por el ruido estruendoso de la imagen ante la que no habría ya nada que oponer. ¿Olvidan que las dimisiones provenientes en los grandes conglomerados mediáticos son auspiciadas por ellos mismos de manera flagrante?

Presas de pánico, sostiene Caparrós, "los carcome el miedo a la palabra escrita, a la lengua, y creen que es mejor pelear contra la tele con las armas de la tele, en lugar de usar las únicas armas que un texto no comparte: la escritura". La crónica viene a ser el sucedáneo, elíxir, ungüento o pomada para curar las agruras y restañar los chimones. Los editores deben comprender hoy más que nunca que ante la resequedad existente, la crónica reverdece el paisaje. Están poseídos por el vértigo de la velocidad. Villanueva Chang, insiste que la prensa diaria, "-sumada a su prosa de boletín, a su retórica de eufemismos y a su necesidad de ventas y escándalos- continúa padeciendo de un asunto metafísico: el tiempo. Lo actual es moneda corriente, pero tener tiempo para entender qué está sucediendo sigue siendo la gran fortuna". Con los programas actuales pueden inventarse guerras o presentar imágenes falsas como ocurrió a Obama. En las redes sociales lo ponen disparando una pistola, en el mismo instante que sostiene una campaña para regular el uso de las armas en Estados Unidos.

El periodismo telegráfico impuesto por los editores no es un problema ético ni profesional, "es pura vocación comercial", anota Villanueva Chang. El mercado se niega apostar para que la crónica sobreviva y pueda sortear los mil y un infortunios que la acosan, para eso se requiere otro tipo de editor. Mientras tanto seguiremos consumiendo breves parrafillos, notas escuetas, descontextualizadas. Miembro de una tribu en extinción, asumo complacido sus señalamientos: "Un lector de periódicos -impresos o electrónicos- percibe el mundo sobre todo a través de sus palabras: quien ahora no se preocupe por escribir bien no solo perderá lectores sino sobre todo gente que entienda que está sucediendo y que en consecuencia se conmueva, indigne o divierta". Las concesiones onerosas continuarán conduciendo a callejones sin salida. ¿Pero por favor díganme dónde puedo encontrar un editor que comprenda y actué de acuerdo con lo que ocurre en el campo del periodismo? Sobran los pretextos para no bajarse de las nubes.

¡Están mal acostumbrando el paladar de los lectores, después no habrá nada que hacer! Pareciera que no hay forma de salvar las contradicciones actuales. No menos dramáticas son las apreciaciones de la argentina Leila Guerreiro, recrimina que los editores "hayan decidido que los lectores no leen, pero insisten en hacer periódicos y revistas -objetos que solo están hechos para ser leídos- es, al menos, desconcertante. ¿Para qué insistir en la fabricación de algo que está destinado al fracaso? ¿Por qué no venden sus diarios y revistas y se compran canales de televisión? La encrucijada supone retos y desafíos que los dueños de medios impresos no quieren encarar. Sienten que todo se hunde bajo sus pies. La reinvención del periodismo sigue siendo tarea pendiente. ¿En verdad ya nada puede hacerse? Donde menos preocupación he visto por solventar la crisis es en las escuelas y carreras de periodismo. Entonces ¿para qué están? ¿Únicamente para lamentarse?


lunes, 28 de enero de 2013

Un mapa movedizo


El mapa televisivo nicaragüense no acaba de configurarse, ni siquiera ahora que Canal 2 ha pasado a formar parte del emporio mediático de Ángel González. Los movimientos en el tinglado audiovisual proseguirán su marcha inexorable. Contrario a lo que podría suponerse, la más afectada viene a ser la sociedad nicaragüense. Cada día se estrecha más la posibilidad de escuchar voces discordantes del discurso oficial en la parrilla radial y televisiva. Con la adquisición de Canal 2 González se erige por el momento como la figura dominante en el entramado mediático, seguido por la familia presidencial. ¿Por cuánto tiempo? No lo sabemos. La entrega de la frecuencia de Canal 7 a González ha sido interpretada como un movimiento lógico dado que servía como repetidora de Canal 2. La explicación de Vidaluz Icaza, abogada encargada de la transacción de Televicentro, ensombreció aún más la densa cortina que impide ver de manera transparente los cambios operados en el dial televisivo.

La solicitud de la frecuencia de Canal 7 por la empresa TV Móvil de Nicaragua ha sido simultánea con el traspaso de manos de Canal 2. ¿Esta maniobra supone que González se hará de dos nuevas frecuencias o significa que hay otros movimientos ocultos en la compra de Canal 2? El enredo originado por Icaza se debe a que manifestó que la repetidora de Canal 2 seguirá siendo utilizada para las transmisiones hacia la zona norte del país, mientras que TV Móvil de Nicaragua la usará para la zona del pacífico. ¿Es una práctica común entregar la misma frecuencia televisiva a dos operadores? No. Sobre todo considerando que Telcor decidió desmontar el esquema con que nació la televisión en Nicaragua y resto de Centro América a mediados de la década de los cincuenta. Las incompatibilidades técnicas que impedían operar a la vez los canales pares e impares quedaron totalmente superadas con los Acuerdos Administrativos No 07-97 y No 007-2008 que reforma el Acuerdo No 07-97 y el Artículo 26 del Reglamento Televisivo.
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La ampliación de los servicios televisivos hacia los canales impares en VHF permitió la creación de los Canales 9, 11 y 13, los dos primeros propiedad de González y el último de los jóvenes Maurice y Camila Ortega Murillo. Si Telcor adjudica la frecuencia de Canal 7 a TV Móvil de Nicaragua -como en efecto ocurrirá- Ángel González se adelantará unos pasos a la familia gobernante en la puja por controlar el espectro radioeléctrico. Como en ocasiones anteriores el séquito de empleados del magnate mexicano-estadounidense, prestó sus nombres para cubrir sus inversiones en la industria televisiva como le llama, aunque  ratificó que él se encarga por completo de su programación. La familia Sacasa-Pasos está haciendo entrega oficial de Canal 2 y las radioemisoras de Grupo COASA. Canal 2 tiene como nuevo gerente general a Carlos Schütze. González pasa a controlar los canales 2, 7, 9, 10, 11, 17, 19, 25, 32, 33 y 38. El afianzamiento de su liderazgo no implica poner término al duopolio televisivo imperante en Nicaragua.

El enmudecimiento de la clase política y diferentes sectores sociales, económicos, políticos y religiosos resulta incomprensible, la comunicación en sus diversas variantes se ha impuesto en la agenda mundial como tema prioritario. La televisión ha devenido en la principal agencia socializadora y galvanizadora de las conciencias, ningún estamento social escapa a su influencia, las identidades culturales y los imaginarios en disputa, quedan atrapadas en sus redes planetarias. Sin producción nacional, lo que vemos a través de los canales locales son propuestas originadas en el exterior. Ningún gobierno ha dimitido tanto en el campo mediático como lo ha hecho el Comandante Ortega. Un solo ejemplo basta para apreciar su conducta. Sacó de Canal 11 al Grupo Pellas para entregar esta misma frecuencia al omnipresente González y puso como administrador de Telcor a Orlando Castillo, antiguo administrador de Canal 4 propiedad de su familia. Encontró en su subordinado al funcionario adecuado.

Los diputados siguen sin asumir el tema de las comunicaciones, olvidando la responsabilidad que les asiste de cautelar el espectro radioeléctrico, solo así se podría evitar su monopolización. El Artículo 68 de la Constitución Política aprobada en 1987 cuando el Comandante Ortega era presidente de Nicaragua, justamente manda a evitar procesos concentracionarios. En vez de proceder de acuerdo a lo establecido, el gobernante se ha dado a la tarea de entregar un recurso estratégico no renovable, olvidando que el Estado no es su dueño, sino administrador de un bien de la nación. Los diputados Eduardo Montealegre y Francisco Aguirre Sacasa, promovieron la Ley 670 prorrogando de manera indefinida las licencias vencidas hasta que se apruebe la nueva Ley de Telecomunicaciones, resolución con la que el gobierno se sentía y siente cómodo, puesto que deja en libertad a Telcor, para que otorgue las frecuencias -como lo ha venido haciendo- a personas y entidades afines al entorno presidencial.

¿Se habrán percatado los diputados que cada día son menos los espacios para debatir públicamente? ¿Tienen conciencia del efecto pernicioso de esta situación para el ejercicio de los derechos ciudadanos? ¿Cuándo los diputados han hecho campaña para lograr el efectivo cumplimiento de la Ley de Acceso a la Información Pública (Ley 641)? ¿Dónde está su propuesta para poner fin al impacto negativo que provoca sobre el ejercicio de la libertad de expresión? ¿Por qué no han elaborado un ante proyecto de ley para evitar las discrecionalidades del Poder Ejecutivo en la entrega de la publicidad oficial? ¿Cuáles son sus demandas oponiéndose a continuar parchando la Ley de Telecomunicaciones (Ley 200), argumento aducido por la bancada sandinista para paralizar la discusión y aprobación de un nuevo estatuto jurídico? ¿Cuándo se percatarán que sin la existencia de medios plurales solo se escuchará una sola voz, la que nace de las entrañas del círculo de poder oficial? Su silencio resulta inexplicable.

Los medios juegan un papel crucial en la construcción de espacios democráticos, mientras en Nicaragua no se amplíe la entrega de las frecuencias radioeléctricas será difícil pensar en un auténtico pluralismo político. La libertad de expresión es impensable sin medios que garanticen a la ciudadanía formular peticiones a los poderes del Estado sin otro límite que el respeto a los gobernantes y el apego a la ética. La concentración mediática ha conducido a la desaparición de los programas de opinión en los Canales 2 y 10 a la vez que ha fortalecido este tipo de programas en los canales de la familia gobernante. Como contrapartida Ángel González, se jactó en una breve aparición (http://www.youtube.com/watch?v=YxQi_WgsnJca) que no permite que nadie se entrometa en la programación de sus canales, dejando en mal predicado a los prestanombres, den por seguro que tampoco entrará en contradicciones con su gran benefactor. Mientras tanto el mapa televisivo nacional seguirá rehaciéndose sin limitación alguna.