miércoles, 8 de mayo de 2013

Los apologistas de las mentiras



Con el ánimo de desviar la atención del asunto central –el cierre inexplicable e intempestivo de El Alacrán- los dueños y dirigentes de El Nuevo Diario, han emprendido una campaña de linchamiento en mi contra, basada en una sarta de falsedades, adobadas al estilo estalinista.

En distintos momentos hemos discutido la validez o no de los cambios de dueños en los medios de comunicación. Nunca ha habido una sobre reacción como la rabieta expresada por los dueños y dirigentes de El Nuevo Diario. Cuando se produjo la venta de Telenica Canal 8, el relanzamiento de La Prensa, la venta de Canal 2 y el acaparamiento televisivo que ha permitido la creación de un duopolio encabezado por el mexicano-estadounidense Ángel González y la familia gubernamental, formulamos nuestras apreciaciones.

En Esta Noche han comparecido los periodistas y dirigentes de medios a discutir sobre temas de comunicación, los únicos que han rehuido al debate son los dirigentes de El Nuevo Diario. Más bien han rehuido al debate público y en su lugar han optado por la descalificación sin entrar a fondo a los temas de debate.

En cuanto a las afirmaciones de El Nuevo Diario debo aclarar:

Primera mentira.- Nunca fui Vice-Ministro de Cultura, como afirman los apologistas de la mentira.

Segunda mentira.- Jamás fui director de Medios de Comunicación en el Ministerio del Interior, como mal intencionadamente expresan. Para aclarar el infundio únicamente bastaba preguntar al licenciado Juan Ramón Huerta, jefe de Globo, la sección internacional de El Nuevo Diario. ¿Por qué no lo hicieron?

Foto tomada en el Aeropuerto Augusto C. Sandino, a mi regreso de Venezuela donde acompañé al Ministro Borge. En la foto con un círculo se destaca al joven Juan Ramón Huerta, miembro del equipo de RRPP del Ministerio de Interior. Foto 13/10/81



Llegué al Ministerio del Interior en enero de 1981 como Director de Relaciones Públicas. http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/59135 Sustituí en el cargo a don Guillermo Genie. El equipo de trabajo bajo mi responsabilidad estaba conformado por los periodistas William Montiel, Yadira Báez y Michelle Castellón, todos miembros de la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN). Mi nombramiento lo hizo público en la Unión de Periodistas de Nicaragua en diciembre de 1980.



Nombramiento en la sede de la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN), hecho público por Tomás Borge. Foto publicada en Barricada el 3 de enero de 1981, pág. 6


Para fortalecer el cuerpo de periodistas se contrató a Juan Ramón Huerta, a quien los dueños y dirigentes de El Nuevo Diario, bastaba que consultasen para no incurrir en otra falsedad. Estuve en la Dirección de Relaciones Públicas del Ministerio del Interior hasta diciembre de 1981.

Tercera mentira.- En enero de 1982 pasé a la Universidad Centroamericana (UCA) donde como profesor de tiempo completo de la Carrera de Sociología. El Dr. Guillermo Vargas Sandino logró mi contratación con el Rector de la UCA, Amando López S. J. Entre enero y julio también empecé una asesoría en comunicación en el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria (MIDINRA). La periodista Magdalena Reyes, ahora en Migración y Extranjería, trabajó conmigo en esos meses.

En agosto de 1982 partí para México a realizar estudios en comunicación en la División de Postgrado de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). ¿Cómo podría censurar los medios si para entonces me encontraba fuera del país estudiando?

Regresé a Nicaragua en mayo de 1984 como miembro del equipo de asesores del Ministro del Interior, Comandante Tomás Borge Martínez.

Las publicaciones de El Nuevo Diario, ante la imposibilidad de defender el atropello cometido contra Pedro Xavier Molina, al haber cerrado El Alacrán, no les ha importado estar haciendo apología de la mentira. No han tenido escrúpulos en recurrir a la difamación y la calumnia. Yo cargo mis muertos no con los ajenos.



Otros artículos de referencia:
¡Por la verdad histórica! http://www.elnuevodiario.com.ni/sucesos/52602



viernes, 3 de mayo de 2013

Atrapados en su propia trampa




En la práctica de los mandatarios nicaragüenses y dirigentes de Telcor, ha prevalecido una visión estrábica. Siempre que han podido han franqueado la Ley de Telecomunicaciones (Ley 200), haciendo prevalecer el Código de Comercio, como si sus disposiciones encerraran el secreto de la piedra filosofal. Todo con el ánimo de satisfacer las demandas de ciertos dueños de radio y televisión en sus distintas variantes, así como de los operadores de internet y servicios de telefonía básica y móvil. El recuento de acontecimientos es largo y comprende a todas las administraciones, tomando como punto de partida el gobierno de Doña Violeta Chamorro. Ninguno ha escapado a las arbitrariedades.

Las telecomunicaciones no debieron privatizarse, Costa Rica fue el país centroamericano que mejor entendió su carácter estratégico y sus implicaciones para el desarrollo de la vida contemporánea, razón suficiente para no ser fácilmente enajenadas. Todos los partidos con representación en el seno de la Asamblea Nacional participaron en esta charanga. Ningún político fue capaz de entender que Nicaragua se estaba deshaciendo de su activo más valioso e importante. Desde entonces prevaleció una visión estrictamente mercantil, absolutamente comercial. No quisieron entender los nexos que la comunicación tiene con la preservación de la identidad y cultura nacional.

No fueron capaces de voltear la mirada hacia los países más desarrollados. Los límites que imponen estas naciones a la inversión extranjera se deben fundamentalmente a su naturaleza estratégica. El nuevo modo de acumulación de capital tiene a las telecomunicaciones como soporte. Es su centro de gravitación y eje rotor. Las bases y bancos de datos encierran el mayor tesoro planetario. Son los abrevaderos donde se nutre el imaginario mundial. En Nicaragua la cultura nunca ha sido percibida como la fragua donde se forjan visiones y sensibilidades, maneras de entender y actuar de los pueblos. También se ha obviado y pretendido desconocer que las culturas son hoy en día el principal sector en disputa y las telecomunicaciones el eje articulador de este debate.

Cualquier precio que pagaran los adquirentes por la infraestructura de telecomunicaciones era irrisorio. No se trataba únicamente de pesos y centavos, aunque se trate de un sector económico muy dinámico, genuino generador de recursos financieros. Con el giro experimentado el conocimiento ha pasado a ser clave en la generación de riquezas. La sociedad que vivimos ha sido caracterizada como sociedad red. Las telecomunicaciones son a la vez el centro neurálgico de la política mundial. El segundo traspiés fue la reforma al Artículo 29 de la Ley 200, que imponía límites a la inversión extranjera en el campo de radio y televisión. Una enorme hendidura que sangró y debilitó este cuerpo jurídico.

Con astucia matrera -hecha la ley hecha la trampa- hicieron que el Código de Comercio fuese el santo y seña para que estas compras fuesen consideradas como una simple operación entre privados. Desde entonces ha prevalecido este criterio entre quienes han ejercido la dirección ejecutiva de Telcor. Se han mostrado ciegos, sordos y mudos ante los cambios intempestivos de las frecuencias radioeléctricas. El caso más flagrante fue la venta de Canal 10. El empresario mexicano-estadounidense Ángel González se enteró que estaba en un país donde las reglas jurídicas podían ser violadas, acontecimiento que marcó el nacimiento de su emporio mediático en Nicaragua.

La siguiente operación fue la venta de Estesa al empresario mexicano Carlos Slim, con su adquisición Claro adquirió una posición privilegiada, conquistaba la televisión por cable, consolidando una posición cuasi-monopólica. No le bastaba la telefonía fija, móvil e internet, entraba de lleno al campo de la televisión. Telcor consintió sin objetar nada. El argumento esgrimido para no intervenir fue que se trataba de una transacción entre privados. El ente regulador fingió nuevamente estar ciego, sordo y mudo. La operación se realizó bajo las normas establecidas en el Código de Comercio. Igual ocurrió con la compra-venta de Canal 8, afirmaron sin empachos que se trataba de una compra-venta entre privados. La ley de 200 fue pasada por alto, pese a estar de por medio en todas estas operaciones el traslado de las frecuencias, incluyendo la otorgada a Canal 8.

Telcor de pronto ha recobrado la memoria y se acordó que las frecuencias son del Estado. El artículo 10 de la Constitución Política establece que se trata de un bien de la nación. Me sorprendió el tono amenazante contra Sky, utilizado por su director, Orlando Castillo. Dejó ver que algunos personeros del gobierno prefieren actuar bajo las premisas de premio-castigo. No puede ni debe haber disentimiento. Nadie debe objetar su actuación aun cuando actúe a contrapelo de lo establecido en la Ley 200. El mensaje enviado es que si siguen chillando les van a cortar la yugular. ¿Su actitud intimidatoria tiene que ver con las graciosas concesiones hechas a lo largo del tiempo a Claro, Movistar y también a Sky? González permanece ajeno a estas refriegas, mientras Shinwei y Yota no se dan por aludidas. Sienten que este rifi-rafe no es con ellos.

Para que Telcor pueda emitir el Acuerdo 005-2013 la Ley 200 tiene que ser reformada. La ley no le otorga las facultades auto conferidas. Como la bancada de gobierno alega que esta ley no debe seguir parchándose, la única alternativa viable sería mediante la aprobación de una nueva Ley de Telecomunicaciones que venga a poner fin a tantas discrecionalidades y arbitrariedades y otorgarles las prerrogativas que ha venido abrogándose. Si esto no ocurre Telcor continuará actuando por las vías de hecho. Como gesto positivo las autoridades del ente regulador deberían reencauzar sus actuaciones por los senderos de la legalidad. Tejieron con tanta delectación la trampa en la que se encuentran atrapados, que ahora su actuación provoca rechazo incluso entre sus beneficiados. ¡Qué ironía! 

lunes, 8 de abril de 2013

Cronistas centroamericanos



I. Una observación imprescindible. ¿Qué tipo de reacciones provocará entre los lectores del área centroamericana la Antología de la Crónica latinoamericana actual (2012), del colombiano Darío Jaramillo Agudelo? Incluyó únicamente a tres periodistas salvadoreños. Desconozco qué dirán guatemaltecos, hondureños, costarricenses y panameños, pero estoy enterado del juicio de los nicaragüenses Octavio Enríquez del semanario Confidencial e Ismael López Campos de la revista televisiva Esta Semana. Consideran absolutamente injusta la exclusión de la saga del nicaragüense José Adán Silva, quien puso sal a los estragos ocasionados por el nemagón, trabajos publicados por La prensa entre el 10 y el 13 de noviembre de 2003. Aún cuando toda antología es el resultado de una serie de discrecionalidades, una omisión como esta genera suspicacias y provoca animosidades.

Los trabajos de Silva son un dechado de escritura, prosa fluida construida con soltura de ballestita, cuenta una desventura inconsolable con agudo ejercicio reporteril y sirve de espejo para apreciar el desarrollo de la crónica en Nicaragua. Un mojón imposible de divisar en el horizonte de la crónica centroamericana, más allá que los tres autores salvadoreños antologizados por Jaramillo Agudelo, ratifican que en la cintura de América la crónica cuenta con prestidigitadores curtidos. La inconformidad de Enríquez y López Campos, constituye un llamado urgente para que no sigan ocurriendo estas omisiones, sobre todo que el antologista colombiano pretendía ofrecernos una muestra representativa del subcontinente americano. Ni antillanos ni brasileños figuran, no porque no lo merezcan, quedaban fuera de su mirada.

II. Una visión aterradora. El hecho que los tres periodistas antologizados estén vinculados con El Faro de El Salvador, no se debe al azar. Cuando Carlos Martínez D´Abuisson pidió al juez Atilio Ramírez Amaya le contara su desdicha, concedió la entrevista "porque yo no representaba a ninguno de los medios tradicionales del país, a los que mira con una mezcla de resentimiento y desconfianza". El asesinato del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, un cura que apostó por los pobres y murió acribillado a balazos el lunes 24 de marzo de 1980, jodió la vida del juez Atilio y precipitó la violencia impune en el pulgarcito de Centro América. Era tiempo de ver, oír y callar, pero como rememora Carlos, en medio de todo aquel silencio había una sola voz, su voz, que incendiaba el país cada domingo. Sobrecogen los padecimientos de Atilio y su tormentosa fuga para burlar la muerte.

Las fiebres que le provocan miedo solo concluirán cuando comparezca como testigo y cierre el caso más importante de su vida. En el inicio de la guerra caliente que vivió ese país, los jueces servían por turnos y en la rifa de la lotería, el día que entró a la posteridad el Arzobispo Romero, Atilio estaba de turno. ¡Ni que lo hubiese pedido! Lo que vendría a partir del peritaje realizado junto con los forenses, sería una interminable agonía no solo para los salvadoreños, Atilio sufrió en carne viva los asedios del poder militar. Enterados que él sería quien enjuiciaría a los culpables, el primer mensaje recibido en casa -esperaba a su asistente- fue la llegada de dos hombres con el objetivo expreso de asesinarle, los sicarios no contaban que Atilio tenía los güevos bien puestos.  Los recibió a punta de plomo. Como ocurrió durante esos años, el infortunado vivió parte de su calvario en Nicaragua.  

III. La otra cara de la violencia. La crónica de Roberto Valencia, español-salvadoreño, resulta la contracara de la violencia que asola El Salvador. Vivir en La Campanera, una especie de gueto, estigmatizado por los medios, víctima de la exclusión, espacio habitado por seres singulares, asesinos y criminales, según registran en sus páginas, micrófonos y pantallas. En términos comparativos, sus hermanos siameses en Nicaragua serían el Jorge Dimitrov, pared de por medio con las instalaciones de la Jefatura Nacional de Policía o tal vez el Reparto Schick, que pese a todo no se libera de esta acusación. Valencia presenta la bitácora que levantó sobre los peligros que acechan a quienes viven en La Campanera, sometidos a vigilancia implacable por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional Civil. El poder y sus satrapías, ¡primero matan después investigan!

El calvario cotidiano son los vejámenes y mal trato recibidos, golpizas, pequeñas extorsiones, manoseo de jovencitas, un mundo donde siempre se presume la culpabilidad. ¡A la mierda con el principio de inocencia! Un conjunto de relatos donde la voz de los pastores, escuchadas a coro, clama por sus rebaños. Las rivalidades de las pandillas convierten cada pulgada de la capital salvadoreña en territorio de la Mara Salvatrucha o la Mara 18. El estigma permanece, "una mancha de óxido en una camisa blanca", obligándoles a mentir en sus hojas de vida, registrando su dirección en cualquier lugar menos que son los hijos malnacidos en La Campanera. Mienten o jamás consiguen trabajo. Crónica con enorme capacidad narrativa, nos lleva al convencimiento de la necesidad de conceder otro trato a sus pobladores. Ninguno de sus gobernantes lo ha querido entender.

IV. La diáspora. La guerra de los ochenta, produjo una hemorragia de migrantes, escalada que todavía no concluye en Centro América. Con la mirada atenta, Oscar Martínez D´Abuisson salió a su encuentro. Un pueblo camino a la frontera, cierra el abanico esplendoroso con que abre sus páginas la antología de Jaramillo Agudelo. Su desplazamiento hasta Altar, ubicado en el desierto de Sonora, le sirve de pretexto para contarnos las vicisitudes que sufren los migrantes del istmo centroamericano. Desde la óptica de la violencia, los trabajos antologizados son un formidable registro de los días que ha vivido y continúa viviendo Centro América. Con prosa punzante, estilo depurado y conjugación de tiempos en espacios habitados por el terror: en El Salvador, Honduras y Guatemala, las drogas estremecen sus sociedades, en Nicaragua pretenden levantar casa.  

Cuando la dicha los embarga, pensando que cruzaran la frontera estadounidense, sus sueños se pasman, víctimas de los burreros, narcos, polleros y autoridades policiales mexicanas, sobrellevan un drama al que de alguna manera saben que se precipitan, pero son incapaces de renunciar, buscando mejor vida. Oscar muestra el otro miedo, abusadas, robados y asesinados, sometidos al escarnio pagan cara su osadía. Nos devela el muro que se levanta en la frontera México-estadounidense, impedimento, trabas que no existen para las mercancías, libertad comercial y financiera, nunca de movilización y desplazamiento de las personas. El mismo sistema que los expulsa de sus territorios de origen, cierra las fronteras y niega el acceso, condenándoles a padecer otro miedo, tan aterrador como el que dejaron atrás. Tres testimonios difíciles de olvidar.

*Fotografías obtenidas de Internet

domingo, 10 de febrero de 2013

Crónica versus prensa telegráfica


 "El que no encuentra tiempo para leer,
 peor para él."
Umberto Eco

¿Será la crónica el muro de contención para la supervivencia del periodismo o ella misma se precipitará al vacío? Entre el desaliento manifiesto por la crisis aguda que padece el periodismo muchos apuestan a la crónica para sortear con éxito el vendaval. Mientras el catalán Ignacio Ramonet se interrogaba hace quince años qué era ser periodista frente a los cambios y transformaciones en ciernes provocadas por el ascenso vertiginoso de los medios audiovisuales, el peruano Julio Villanueva Chang, director de Etiqueta Negra, cambia por completo la naturaleza de la pregunta. En su disertación magistral sobre la crónica publicada inicialmente en 2005 en Letras Libres, en la versión inédita dada a conocer cinco años después por el colombiano Darío Jaramillo Agudelo, (Antología de la crónica latinoamericana Alfaguara, 2012), pregunta con agudeza " si no estamos asistiendo a la muerte del periodismo". Una interpelación compartida.

La preocupación del peruano ha sido manifestada igualmente por connotados cronistas. Contrario a los aires festivos que soplan por distintas partes de la comarca latinoamericana, sus grandes cultores insisten en llamar la atención destacando el flagelo. Las reducciones drásticas introducidas por los editores conminando no sobrepasar 300, 400, 600 u 850 palabras son un mal presagio, pareciera ser una acta de defunción anticipada. Cada vez constriñen a los redactores a escribir menos. ¿En vez de atemperar la crisis la precipitan? La compresión es compulsiva, no se trata que la versión sea impresa o para la web. La vuelta de tuerca está en consonancia con los dictados feroces provenientes de las graderías. No hay estrategias ni propuestas alternas. Sin miramientos se sujetan a las directrices emanadas por quienes piensan que bastan 100 palabras para conocer lo que ocurre. ¡Cuánta ingenuidad!  Una regreso al lenguaje telegráfico.

Mientras combaten las primicias como mal endémico contemporáneo, los dirigentes de los medios escritos incurren en iguales despropósitos. La advertencia del argentino Martín Caparrós resulta justa y oportuna. En su defensa de la crónica le inquieta que los editores de diarios y periódicos latinoamericanos "se empeñen en despreciar a sus lectores". La contradicción expuesta resulta evidente, en vez de seducirlos tratan de deshacerse de ellos. No comparte que los editores para enfrentar a la tele y la radio, "suelen pensar medios gráficos para una rara especie que ellos se inventaron: el lector que no lee. Es un problema: un lector se define por leer, y un lector que no lee es un ente confuso". ¿Con esta manera de pensar no estarán acelerando la muerte del periodismo? No hay manera que entiendan que viajan por el camino equivocado y si al final resulta que el periodismo desaparece, no aceptarán la responsabilidad que les asiste en su muerte.

¿Cómo no compartir su juicio si lo que veo a mi alrededor no son más que réplicas de lo que Caparrós de forma juiciosa apunta para no sumarse a los desencantados? ¿Cómo pasar por alto sus reflexiones si constituyen una radiografía exacta de lo que ocurre en los predios de los editores? No existe peor doblez que la proveniente de quienes estando al frente del timón, en vez de ajustar la velocidad, evaden los compromisos que tienen para evitar que el periodismo pierda el rumbo y se precipite a los abismos. Azorados no saben qué hacer, dejándose arrastrar por la ola de las conveniencias financieras. En vez de cautivar son cautivados, antes que ensayar nuevas modalidades son presas de los temblores ocasionados por el ruido estruendoso de la imagen ante la que no habría ya nada que oponer. ¿Olvidan que las dimisiones provenientes en los grandes conglomerados mediáticos son auspiciadas por ellos mismos de manera flagrante?

Presas de pánico, sostiene Caparrós, "los carcome el miedo a la palabra escrita, a la lengua, y creen que es mejor pelear contra la tele con las armas de la tele, en lugar de usar las únicas armas que un texto no comparte: la escritura". La crónica viene a ser el sucedáneo, elíxir, ungüento o pomada para curar las agruras y restañar los chimones. Los editores deben comprender hoy más que nunca que ante la resequedad existente, la crónica reverdece el paisaje. Están poseídos por el vértigo de la velocidad. Villanueva Chang, insiste que la prensa diaria, "-sumada a su prosa de boletín, a su retórica de eufemismos y a su necesidad de ventas y escándalos- continúa padeciendo de un asunto metafísico: el tiempo. Lo actual es moneda corriente, pero tener tiempo para entender qué está sucediendo sigue siendo la gran fortuna". Con los programas actuales pueden inventarse guerras o presentar imágenes falsas como ocurrió a Obama. En las redes sociales lo ponen disparando una pistola, en el mismo instante que sostiene una campaña para regular el uso de las armas en Estados Unidos.

El periodismo telegráfico impuesto por los editores no es un problema ético ni profesional, "es pura vocación comercial", anota Villanueva Chang. El mercado se niega apostar para que la crónica sobreviva y pueda sortear los mil y un infortunios que la acosan, para eso se requiere otro tipo de editor. Mientras tanto seguiremos consumiendo breves parrafillos, notas escuetas, descontextualizadas. Miembro de una tribu en extinción, asumo complacido sus señalamientos: "Un lector de periódicos -impresos o electrónicos- percibe el mundo sobre todo a través de sus palabras: quien ahora no se preocupe por escribir bien no solo perderá lectores sino sobre todo gente que entienda que está sucediendo y que en consecuencia se conmueva, indigne o divierta". Las concesiones onerosas continuarán conduciendo a callejones sin salida. ¿Pero por favor díganme dónde puedo encontrar un editor que comprenda y actué de acuerdo con lo que ocurre en el campo del periodismo? Sobran los pretextos para no bajarse de las nubes.

¡Están mal acostumbrando el paladar de los lectores, después no habrá nada que hacer! Pareciera que no hay forma de salvar las contradicciones actuales. No menos dramáticas son las apreciaciones de la argentina Leila Guerreiro, recrimina que los editores "hayan decidido que los lectores no leen, pero insisten en hacer periódicos y revistas -objetos que solo están hechos para ser leídos- es, al menos, desconcertante. ¿Para qué insistir en la fabricación de algo que está destinado al fracaso? ¿Por qué no venden sus diarios y revistas y se compran canales de televisión? La encrucijada supone retos y desafíos que los dueños de medios impresos no quieren encarar. Sienten que todo se hunde bajo sus pies. La reinvención del periodismo sigue siendo tarea pendiente. ¿En verdad ya nada puede hacerse? Donde menos preocupación he visto por solventar la crisis es en las escuelas y carreras de periodismo. Entonces ¿para qué están? ¿Únicamente para lamentarse?


lunes, 28 de enero de 2013

Un mapa movedizo


El mapa televisivo nicaragüense no acaba de configurarse, ni siquiera ahora que Canal 2 ha pasado a formar parte del emporio mediático de Ángel González. Los movimientos en el tinglado audiovisual proseguirán su marcha inexorable. Contrario a lo que podría suponerse, la más afectada viene a ser la sociedad nicaragüense. Cada día se estrecha más la posibilidad de escuchar voces discordantes del discurso oficial en la parrilla radial y televisiva. Con la adquisición de Canal 2 González se erige por el momento como la figura dominante en el entramado mediático, seguido por la familia presidencial. ¿Por cuánto tiempo? No lo sabemos. La entrega de la frecuencia de Canal 7 a González ha sido interpretada como un movimiento lógico dado que servía como repetidora de Canal 2. La explicación de Vidaluz Icaza, abogada encargada de la transacción de Televicentro, ensombreció aún más la densa cortina que impide ver de manera transparente los cambios operados en el dial televisivo.

La solicitud de la frecuencia de Canal 7 por la empresa TV Móvil de Nicaragua ha sido simultánea con el traspaso de manos de Canal 2. ¿Esta maniobra supone que González se hará de dos nuevas frecuencias o significa que hay otros movimientos ocultos en la compra de Canal 2? El enredo originado por Icaza se debe a que manifestó que la repetidora de Canal 2 seguirá siendo utilizada para las transmisiones hacia la zona norte del país, mientras que TV Móvil de Nicaragua la usará para la zona del pacífico. ¿Es una práctica común entregar la misma frecuencia televisiva a dos operadores? No. Sobre todo considerando que Telcor decidió desmontar el esquema con que nació la televisión en Nicaragua y resto de Centro América a mediados de la década de los cincuenta. Las incompatibilidades técnicas que impedían operar a la vez los canales pares e impares quedaron totalmente superadas con los Acuerdos Administrativos No 07-97 y No 007-2008 que reforma el Acuerdo No 07-97 y el Artículo 26 del Reglamento Televisivo.
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La ampliación de los servicios televisivos hacia los canales impares en VHF permitió la creación de los Canales 9, 11 y 13, los dos primeros propiedad de González y el último de los jóvenes Maurice y Camila Ortega Murillo. Si Telcor adjudica la frecuencia de Canal 7 a TV Móvil de Nicaragua -como en efecto ocurrirá- Ángel González se adelantará unos pasos a la familia gobernante en la puja por controlar el espectro radioeléctrico. Como en ocasiones anteriores el séquito de empleados del magnate mexicano-estadounidense, prestó sus nombres para cubrir sus inversiones en la industria televisiva como le llama, aunque  ratificó que él se encarga por completo de su programación. La familia Sacasa-Pasos está haciendo entrega oficial de Canal 2 y las radioemisoras de Grupo COASA. Canal 2 tiene como nuevo gerente general a Carlos Schütze. González pasa a controlar los canales 2, 7, 9, 10, 11, 17, 19, 25, 32, 33 y 38. El afianzamiento de su liderazgo no implica poner término al duopolio televisivo imperante en Nicaragua.

El enmudecimiento de la clase política y diferentes sectores sociales, económicos, políticos y religiosos resulta incomprensible, la comunicación en sus diversas variantes se ha impuesto en la agenda mundial como tema prioritario. La televisión ha devenido en la principal agencia socializadora y galvanizadora de las conciencias, ningún estamento social escapa a su influencia, las identidades culturales y los imaginarios en disputa, quedan atrapadas en sus redes planetarias. Sin producción nacional, lo que vemos a través de los canales locales son propuestas originadas en el exterior. Ningún gobierno ha dimitido tanto en el campo mediático como lo ha hecho el Comandante Ortega. Un solo ejemplo basta para apreciar su conducta. Sacó de Canal 11 al Grupo Pellas para entregar esta misma frecuencia al omnipresente González y puso como administrador de Telcor a Orlando Castillo, antiguo administrador de Canal 4 propiedad de su familia. Encontró en su subordinado al funcionario adecuado.

Los diputados siguen sin asumir el tema de las comunicaciones, olvidando la responsabilidad que les asiste de cautelar el espectro radioeléctrico, solo así se podría evitar su monopolización. El Artículo 68 de la Constitución Política aprobada en 1987 cuando el Comandante Ortega era presidente de Nicaragua, justamente manda a evitar procesos concentracionarios. En vez de proceder de acuerdo a lo establecido, el gobernante se ha dado a la tarea de entregar un recurso estratégico no renovable, olvidando que el Estado no es su dueño, sino administrador de un bien de la nación. Los diputados Eduardo Montealegre y Francisco Aguirre Sacasa, promovieron la Ley 670 prorrogando de manera indefinida las licencias vencidas hasta que se apruebe la nueva Ley de Telecomunicaciones, resolución con la que el gobierno se sentía y siente cómodo, puesto que deja en libertad a Telcor, para que otorgue las frecuencias -como lo ha venido haciendo- a personas y entidades afines al entorno presidencial.

¿Se habrán percatado los diputados que cada día son menos los espacios para debatir públicamente? ¿Tienen conciencia del efecto pernicioso de esta situación para el ejercicio de los derechos ciudadanos? ¿Cuándo los diputados han hecho campaña para lograr el efectivo cumplimiento de la Ley de Acceso a la Información Pública (Ley 641)? ¿Dónde está su propuesta para poner fin al impacto negativo que provoca sobre el ejercicio de la libertad de expresión? ¿Por qué no han elaborado un ante proyecto de ley para evitar las discrecionalidades del Poder Ejecutivo en la entrega de la publicidad oficial? ¿Cuáles son sus demandas oponiéndose a continuar parchando la Ley de Telecomunicaciones (Ley 200), argumento aducido por la bancada sandinista para paralizar la discusión y aprobación de un nuevo estatuto jurídico? ¿Cuándo se percatarán que sin la existencia de medios plurales solo se escuchará una sola voz, la que nace de las entrañas del círculo de poder oficial? Su silencio resulta inexplicable.

Los medios juegan un papel crucial en la construcción de espacios democráticos, mientras en Nicaragua no se amplíe la entrega de las frecuencias radioeléctricas será difícil pensar en un auténtico pluralismo político. La libertad de expresión es impensable sin medios que garanticen a la ciudadanía formular peticiones a los poderes del Estado sin otro límite que el respeto a los gobernantes y el apego a la ética. La concentración mediática ha conducido a la desaparición de los programas de opinión en los Canales 2 y 10 a la vez que ha fortalecido este tipo de programas en los canales de la familia gobernante. Como contrapartida Ángel González, se jactó en una breve aparición (http://www.youtube.com/watch?v=YxQi_WgsnJca) que no permite que nadie se entrometa en la programación de sus canales, dejando en mal predicado a los prestanombres, den por seguro que tampoco entrará en contradicciones con su gran benefactor. Mientras tanto el mapa televisivo nacional seguirá rehaciéndose sin limitación alguna.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Ocurrió lo esperado


El deslizamiento progresivo de Crónica TN 8 hacia posiciones cada vez más infamantes provocó lo esperado, diversos sectores de la sociedad nicaragüense han cuestionado su política informativa, demandando respeto y una redefinición de su perfil  noticioso. En la búsqueda de disputar el primer lugar a Acción 10, durante los últimos meses su escatología viene en picada. Su director confesó que de manera aviesa habían decido -como medida estratégica- recurrir a titulares y tomas procaces. Las gramáticas de recepción siempre han sido y serán abiertas. En vez de lograr el beneplácito ciudadano ha desatado un torrente de críticas. Incluso personas afines al gobierno han disentido públicamente de su conversión en una réplica del Noticiero Ya. No pueden mancillar la dignidad de las personas y resultar impunes.
 
Durante varios años hemos cuestionado que los pobres sean objeto de burlas, recriminaciones y expuestos al escarnio público. Las narrativas con que adoban el discurso resultan crueles. Delinear de manera exprofesa los contenidos de un noticiero televisivo para exhibir la desgracia ajena, tarde o temprano genera solidaridad. En la televisión la imagen constituye el elemento definitorio. Salir en la búsqueda diaria de hechos escabrosos, para que la cámara se regodee mostrando sangre, dolor y muerte, manifiesta que los parámetros a partir de los cuáles se construye la noticia, entran en contradicción con valores humanos elementales. Todavía resulta más grave si las personas y lugares, sometidas a este ritual cotidiano, son los más pobres y provienen de los barrios más humildes.

Cómo percibiría o qué tipo de quejas fueron interpuestas ante la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, que Omar Cabezas Lacayo, aliado incondicional del gobierno, demandó a los diputados de la Asamblea Nacional, buscar cómo atajar el atropello. El cuestionamiento explícito a la nota roja fue celebrado. Un funcionario que debe el cargo al Comandante Ortega, condenó su existencia, aunque equivocó de lugar para interponer la denuncia. ¿Qué cuerdas le tocaron para que tomara esta decisión? Esta fue la primera protesta desde las graderías de personas afines e identificadas con el gobierno. Los directivos de Crónica TN 8 siguieron interpérritos, no se dieron por enterados. ¿No se percatan que algo anda mal en lo que vierten en sus pantallas? ¿Ceguera o sordera? ¡Ambas cosas!

En vez de reaccionar de manera positiva ante los diferentes llamados, más bien decidieron intensificar su propuesta. Los titulares subieron de color. Tratando de jugar al doble sentido, olvidaron que la procacidad es un arma de doble filo. No es lo mismo como lo hace Otto de la Rocha en La palomita mensajera, que hacerlo en un noticiero televisivo donde lo que muestran es el sufrimiento humano. Su plato fuerte lo constituyen mujeres agredidas, insultos, accidentes de tránsito, pleitos vecinales, sangre sobre el rostro y el pavimento, cabezas partidas, brazos rotos, niños desamparados, desencuentros hogareños, etc. Pareciera que se han dado a la tarea de estigmatizar a los pobres creando estereotipos en su contra. Pobre=borracho. Pobre=pendenciero. Pobre=ladrón. Pobre=desobligado.

La naturaleza contradictoria del discurso televisivo de Crónica TN 8 ha sido percibida por periodistas que se identifican con la política gubernamental. En la cuenta en Facebook El valor de la comunicación, Morena Guadalupe, recrimina su política informativa y disiente eso que ella denomina la voz extra que dice: Y se cagó en… Y se rajó el zapote… Con sentido ético señala que son “frases tan vulgares y corrientes, que reflejan un gran irrespeto y una repugnancia claramente a la población de parte de ese canal televisivo, aunque lo hagan sin querer queriendo”. Desencantada afirma que las personas “claramente ven la burla, el irrespeto y el pisoteo de la dignidad a la población del sector más bajo, es como ensuciar las grandes acciones que el gobierno está haciendo”. Desde una óptica parecida fue el llamado de atención que planteó a este noticiero Informe Pastrán.

Morena Guadalupe interpela directamente a Juan Carlos Ortega, aunque piensa que esa idea no surgió del director de Canal 8. Su extensa requisitoria va dirigida expresamente a Ortega conminándole a que despida a quienes lo indujeron a tomar la decisión de insultar a los pobres y desamparados. Le hace notar que “Dentro de nuestro partido hay gente capaz y brillante que solo necesitan una oportunidad para explotar sus capacidades y ayudarte hacer brillar ese canal, el mayor éxito lo podes hacer con profesionalismo, ética y con respeto a todo el mundo… veo gente dizque fresita que son pan simple, sin sal, es decir sin gusto, búscate gente carismática que brille, profesional y con ética, que tenga desenvolvimiento natural y salvaje ante las cámaras, pero sobre todo que respete a sus mismos compañeros o colegas cuando estén juntos…”.

Tanto va el agua al cántaro que el pichel terminó rebasándose. A través de las redes sociales se produjo un movimiento exigiendo a Canal 8 poner fin a la orgía de sangre y descrédito. Crearon en Facebook Exigimos respeto TN 8. La iniciativa emprendida con la intención de pedir cordura al telediario ha resultado exitosa. El 10 de septiembre colgaron en el muro “Y los que faltan! Ánimo Nicaragua puede! En apenas tres semanas hemos demostrado, afirman sus promotores, que hay muchos nicaragüenses en desacuerdo con la manera de informar de TN 8. ¡Nicaragua les exige respeto! Celebramos con más de 3,559 que EXIGEN RESPETO. Nicaragua lo merece”. Una prueba más de desaprobación sobre la política informativa de un noticiero que en búsqueda del rating se mofa de la suerte de los más necesitados.

Durante la celebración del 8 de septiembre, Día Internacional del Periodista, el vicario de comunicación de la Arquidiócesis de Managua, Silvio Fonseca, condenó en términos muy duros la nota roja. Igual molestia expresó la Red de Mujeres contra la Violencia. Nadie puede sentirse feliz ni estar de acuerdo con un noticiero que viola derechos sustantivos. Las protestas se han traducido en un leve giro. Un monitoreo realizado entre el lunes 10 y jueves 13 de septiembre, evidencia que continúan usando un lenguaje denigrante y denigratorio. El lunes, una voz imitando a mujer afirma: “Sos una zorra, mantenida, a como vos mantenida”. El jueves el titular decía Al cano por pijiar a su roco. Luego en el cuerpo de la noticia deja oír, Qué es lo que querés hijo de puta, mamar turca hijo de puta. ¡Cómo no concitar condenas y rechazos! 

¿Más de lo mismo?


El anuncio gubernamental de la aparición de un nuevo operador de telefonía celular, ha generado suspicacias entre diversos sectores de la vida nacional, incluso entre las dos firmas que actualmente brindan este servicio. La licitación abierta por Telcor es con la pretensión de llevar la telefonía celular hacia las zonas rurales. Las sospechas anticipadas se deben a que pueda ocurrir algo similar a lo que aconteció con el ingreso de Yota. Cuando se anunció la aparición de la firma rusa, el pliego de licitación ya venía con nombre y apellido. Incluso Claro y Movistar se sintieron agraviadas. Dadas las concesiones que han venido haciendo al gobierno - jamás han reclamado cuando los canales de la televisión por suscripción son sacados del aire- pensaron que su coto era invadido por fuerzas ultraterrestres. No dejaban de tener razón. La redacción del documento señalaba que iba dirigido para favorecer al portador de una tecnología que solo Yota disponía.
 
Se vuelve imperativo recordar que desde la privatización de las telecomunicaciones (1995), existe una falta absoluta de apego a las normas en base a las cuales se decidió enajenar el activo estratégico más importante con que contaba Nicaragua. Yéndonos más atrás debemos recordar que la venta se debió a imposiciones del denominado Consenso de Washington. El documento inicial era penoso, concebido desde afuera no ocultó el deseo de alejar cualquier pretensión de los empresarios nacionales. El prestatario requería de diez años de experiencia en el campo de la telefonía. Pretendían que la concesión de la telefonía fija fuese por “veinticinco años prorrogables a su discreción.” Establecían que se entregara “en concesión exclusiva temporal por el término de 7 años la prestación de los servicios telefónicos nacionales e internacionales, así como las líneas privadas nacionales.”  ¡El documento rebasaba vergüenza! Muy pocos diputados estuvieron claros de la trascendencia de este acto de enajenación.

Entre las distintas causas que adujo el gobierno para su venta, estaba la necesidad de expandir la telefonía hacia el campo. Hoy vuelve alegarse lo mismo. Una aseveración como esta significa un reconocimiento explícito que los sectores rurales no han resultado beneficiados. En vez de pedir cuentas a quienes asumieron este compromiso con el Estado de Nicaragua, el gobierno más bien ha optado por sacar a licitación la banda 1785-1805 megahertz. El director de Telcor, Orlando Castillo, criticó que los operadores actuales no se han preocupado por mejorar la cobertura y señal hacia las zonas rurales. Viniendo esta afirmación de parte de quien administra las telecomunicaciones, no queda espacio para la duda. Si hubiesen actuado de manera diferente, las telefónicas se hubieran pronunciado de manera unánime a través de su eficiente maquinaria de relaciones públicas o a través de su obsecuente servicio de mensajería. 

Con Yota ocurrió un fenómeno parecido. La licitación anunciaba que enfocaría principalmente sus servicios hacia la telefonía fija. Claro sintió el cinchazo, la puya venía también con nombre y apellido. La firma del magnate mexicano Carlos Slim, para resultar beneficiada con el billete premiado de las telecomunicaciones nacionales a precio de guate mojado, se había comprometido a llevar estos servicios hacia los sectores eternamente postergados por las políticas gubernamentales. Claro se lanzó de lleno a promocionar la telefonía celular olvidando por completo las bases de la adjudicación. Ante la presencia de Yota, la reacción inmediata de los dirigentes de Claro, se tradujo en una campaña publicitaria, dispusieron el número 116 para facilitar la contratación de la telefonía básica. Algunos juzgaron que la competencia era sana. En un mercado con una estructura oligopólica, acuerdos entre oferentes imposibilitan que los beneficios lleguen a los consumidores.

El aterrizaje de Yota tampoco implicó ningún beneficio para los nicaragüenses. En vez de cumplir los términos del título habilitante, Yota desanduvo el camino de sus antecesores. Nunca se intereso por llenar el vacío dejado por Claro. Millares de nicaragüenses, expectantes por contratar la telefonía fija inalámbrica en sus hogares, se quedaron a la espera que Yota ofreciera estos servicios. Sin ningún preámbulo, desde un principio centró su atención en brindar servicios de internet. Su avance en este campo ha sido lento, casi imperceptible. Igual actitud tomó en relación al cumplimiento de extender sus servicios hacia el sector rural. Telcor jamás se ha interesado por poner en cintura a los operadores de la telefonía fija y celular, ni a quienes prestan los servicios de la televisión por suscripción. ¿Será que actúa sí como piensan algunos, porque consiente sus desafueros con la intención de cobrárselos más caros en el futuro inmediato?

Con estos precedentes resulta lógica la desconfianza asumida con respecto a la presencia en Nicaragua del consorcio chino Xinwei. Temen que se repitan las irregularidades e inconsistencias que se produjeron durante el proceso de licitación, donde Yota fue el único operador que ofertó. Los beneficios hacia el campo continúan siendo piedra toque para la clase política. Si los gobiernos hubiesen cumplido todos los ofrecimientos adquiridos en nombre de quienes habitan en las regiones más apartadas del país, Nicaragua sería otra. Por eso no dejamos de preguntarnos. ¿Cuáles son los beneficios reales –estamos cansados de promesas- que tendrán los nicaragüenses con la aparición de una nueva operadora telefónica? ¿En qué proporción bajaran los precios de los servicios de telefonía básica y móvil? ¿Qué garantías tenemos que Xinwei cumplirá los términos de la concesión, si Telcor ha sido el gran consentidor de las telefónicas?

Si partimos del principio que entre mayor es el número de empresas que ofrecen los servicios de telefonía fija, móvil, internet, televisión por cable y satelital, deberíamos esperar bajas sensibles en todos estos servicios. Alegrarnos por la llegada al país de un nuevo operador. La inefectividad de Telcor y su alcahuetería, conducen a pensar que podría tratarse más de lo mismo. ¿Cuál es el valor agregado que los nicaragüenses obtendrán con el arribo de la firma china a Nicaragua? ¿Su alcance  será significativamente mayor? Los conglomerados telefónicos operan para obtener ganancias, entre más pronto mejor. Xinwei no viene a invertir a si no más, trescientos millones de dólares. Estamos de nuevo frente a un punto de inflexión. La clase política desistió por inoperancia o desidia pedir cuentas al gobierno. A nosotros corresponde hacerlo. ¡Después no se quejen!